No sé si me esteréis viendo, pero me siento como un personaje de Sexo en Nueva York, y no me hace la más puta gracia.
Acabo de llegar de una boda. Hace exactamente una semana y dos días, mi ex compañera de trabajo me dijo: "Tengo una noticia: me caso". Creí que me daba algo. "¿Cuándo?", se me ocurrió preguntar. "El jueves que viene, pero la fiesta es el sábado".
Mi ex compañera de trabajo, además de ser mi ex compañera de trabajo, es una de mis mejores amigas. Y me dijo que hoy celebraba su boda, hace una semana y dos días. Me sentí traicionada.
Hoy ha sido un día duro (ver post anterior, y comprender la metáfora, porque no hay moraleja). Hoy ha sido un día duro, e ir a la boda ésa me daba mucho palo. Mi ex compañera de trabajo y una de mis mejores amigas me había prometido que no sería una boda al uso, sino una fiesta. Pero yo sabía que no conocería a nadie, o a casi nadie. Y no tenía ningunas ganas de hacer vida social.
Al final he ido a la fiesta con otras dos compañeras de trabajo, muy triste, porque lo que une Dios, el hombre lo separa al mismo tiempo. Y también porque el mismo día que unos se casan otros se dicen adiós.
Lo que diferencia una boda de una fiesta es la música. Y esa música era de boda. Camilo Sesto, Hombres G, Chayanne.
Además de la novia y mis dos compañeras acompañantes, sólo conocía a otra chica invitada. Y esa chica invitada llevaba el mismo vestido que yo. Un Adolfo Domínguez negro con las costuras marrones.
Entonces es cuando he empezado a sentirme como un personaje de Sexo en Nueva York.
Me he arrancado los tirantes para disimular, y he intentado no acercarme mucho a ella, para que los demás no se dieran cuenta de que íbamos vestidas igual. Pero, ¿cómo no iban a fijarse, si todos los invitados eran periodistas radiofónicos acostumbrados a radiografiar a sus entrevistados?
Encima, estoy tan despechada que me he medioenamorado del novio. Pero en realidad no me he medioenamorado de él, sino del enamoramiento que él profesaba hacia su mujer. De todos modos, me ha parecido muy guapo.
Lo malo de ser un personaje de Sexo en Nueva York es que te sientes como una hortera toda la noche. Pero lo peor de ser un personaje de esa serie es que esperas a que pase algo más.
No ha pasado nada más. Bueno, sí, que se ha acabado la ginebra, y he tenido que abordar el whisky. Quiero decir que no ha venido un príncipe azul a salvarme, ni he conocido al hombre de mi vida, ni he recibido una llamada alentadora. Nada.
Simplemente he pensado que todo el mundo se casa, que mi ex compañera de trabajo y su marido pegan mucho, que me cago en el puto Adolfo Domínguez, y que no tengo que ver más la televisión.
Eso ha sido todo. O casi. Justo antes de irme de allí, la madre de la novia me ha dado un ramo de ésos de centro, con una vela y flores, y piedras blancas, que pesaba un huevo.
Ahora mismo el novio debe estar pasando el umbral con mi ex compañera de trabajo y una de mis mejores amigas cogida en brazos.
Yo me he servido una cerveza con el vestido todavía puesto.
Mosqueada. Consciente, convencida... de que a esta noche le falta algo.
Última luz
-
Cae la tarde y no pesa. Se oye la respiración, despacio, como si el aire
tuviera tiempo de sobra. Un paso lento sobre la tierra todavía tibia, el
paisaje ...
Hace 1 día
