jueves, 8 de noviembre de 2007

Ponte en mi piel

La cuestión es que olvidé que había cambiado de piel, y la metí con las sábanas en la lavadora.

El problema es que en mi casa las tuberías no funcionan bien. De pequeña, mi alma se coló por el desagüe de la bañera de mis padres, sin demasiada repercusión, porque también ella era poca cosa. Pero cuando me mudé aquí, lo que se fue por el agujero de la bañera fue mi espíritu. Y eso ya es otra cosa.

Un espíritu dentro de una tubería es un escandaloso, basta ver películas como Al final de la escalera. Aunque sea el tuyo, y haya confianza, el espírirtu no puede evitarlo, y se pone a golpear el metal durante la noche, y las paredes tiemblan, y a algunas personas eso les da miedo, pero a mí simplemente me saca de quicio, porque por las noches lo único que quiero es dormir, no oír los golpes que mi espíritu da a las tuberías. Que hubiera ido con más cuidado, y no se hubiera metido donde no debía.

Como está allí dentro, emboza la cañería, y cada vez que pongo una lavadora, se inunda todo.

Vino el fontanero, el señor Manuel, y estuvo estudiando la situación. Dijo: "Tiene usted un espíritu muy fuerte, señorita. No acabaríamos con él ni con todo el disolvente del mundo". Hombre, le contesté, tampoco era mi intención disolver a mi espíritu.

Así que convenimos dejarlo donde estaba, porque la otra opción era abrir toda la pared en canal, y sacarlo de allí. Con lo cual, cabía la posibilidad de que liberáramos de paso a un montón de fantasmas, porque de todo el mundo es sabido que viven en las paredes. Y la verdad, no me apetecía tener fantasmas en casa, ya me basta con los del trabajo.

En fin, que cada noche le doy un somnífero a mi espíritu; se lo paso por el desagüe del lavabo después de lavarme los dientes. Y claro, no puedo hacer la colada en casa, porque se inundaría, y luego tendría que ir nadando a la habitación, y la cama saldría flotando por la ventana y se le caería a algún transeúnte encima de la cabeza. Así que, como no puedo hacer la colada en casa, tengo que ir a una lavandería de ésas que aparecen en las películas americanas, una lavandería pública donde metes la ropa en el tambor y esperas a que acabe, o te vas de compras durante el tiempo necesario.

Pues eso. Olvidé que había cambiado de piel, y la metí con las sábanas en una lavadora de ésas públicas. Aproveché la hora y media que dura el programa 4 (colores delicados) para ir al súper a comprar garbanzos. Entonces, cuando estaba discutiendo con la cajera porque ella quería venderme un boleto de navidad y yo le decía que la navidad no existe porque es un matrix, me acordé de repente: mi piel estaría allí, en la lavadora, dando vueltas y más vueltas, mareada, convertida en un especie de felpudo.

Dejé los garbanzos y la discusión, y empecé a correr hacia la lavandería como alma que lleva el diablo (aunque no tengo alma y el diablo vive en la alcantarilla de abajo). Y, al llegar, vi a esa tía estúpida e impaciente que me miraba. "Es que la otra lavadora no funciona", dijo mientras hacía un globo con su chicle de fresa. Había vaciado el tambor, dejando mis sábanas esparcidas por el suelo, para meter sus trapos de mierda en su lugar y estaba tan tranquila. La capulla.

Revolví las sábanas rápidamente, buscando con desesperación mi piel, mientras la gilipollas ésa me miraba y hacía globos rosas con su chicle. Los globos hacían plop.

"Oye", dijo al final, "¿estás buscando un pellejo lechoso con colágeno por un tubo?".

Sí, contesté, eso mismo.

"Pues se lo ha puesto un viejo que apestaba a naftalina, y ha dicho que se ha quitado cuarenta años de encima", la subnormal profunda se me quedó mirando un buen rato, impertérrita, incluso aburrida, y añadió: "El viejo ha dicho que, en tu piel, se sentía muy puta".

Introduje las sábanas en la bolsa y volví a casa arrastrando los pies. Un viejo se ha metido en mi piel, y ahora se paseará por la ciudad como si fuera yo. Pero es evidente que no es yo; su espíritu estará podrido, y el mío es tan fuerte que emboza las cañerías y no se puede disolver.

La próxima vez haré la colada en casa del señor Fregono. No sé por qué no se me ocurrió antes.

14 comentarios:

arroba.com dijo...

Me encantan tus escritos, provocan adicción. Tú que trabajas en el sector editorial (¿no?), ¿no te has planteado nunca publicarlos en forma de libro?

Blasfuemia dijo...

La piel por un lado, el espíritu por otro... mmm...

Un saludo

Monseñor Senovilla dijo...

Ese Espíritu tuyo ¿es gavilán o paloma?

al dijo...

En El País de hoy viene un cupón para comprar "El espíritu del vino". Espero que no te lo hayan robado mientras dormías.

vaderetrocordero dijo...

Que bien se toma la gente el tratar con despellejados desalmados. Si soy yo la tendera y te veo entrar si pellejo ni alma me da un soponcio antes de poder articular "son tres con quince".

errante dijo...

joder...

errante dijo...

con la expresión anterior quiero decir que me ha encantado, (como siempre), y que me gustan las escenas de las lavanderias que salen en las películas de isabel coixet

eSadElBlOg dijo...

Bravo. Hay que levantarse para aplaudir. Es un cuento estupendo, dos cuentos de hecho.

confin dijo...

Cruza los chorros.

humo dijo...

Como todos sabemos, las lavanderías son una cosa yanki que sólo sirven para perder lastimosamente el tiempo si no te llevas un librito o te pones a ligar con el divorciado de turno, así que ni se te ocurra asesinar a la tontalbote esa del chicle: daría todo lo más para un post y las consecuencias serían horrorosas.
Por otro lado, por lo de la piel no te preocupes: un par de semanas y tendrás otra nueva, pero tienes que evitar el sol, así que píllale a uno de los fantasmas la sábana y vete al curro tal cual.
A ver qué pasa.

errante dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Luigi dijo...

La próxima vez lave a mano, con un chorrito de Woolite y en agua templada.

Notará que se da un masaje a si misma de lo más relajante.

Mel Alcoholica dijo...

Arroba: me arrobas. ¿Publicar sobre el papel? Entonces no me leería nadie.

Blasfuemia: ¿Acaso no van también corazón y cabeza por caminos distintos? O el deseo y la carne.

Monseñor: Mi espíritu es rapaz, y nunca lo dejaría todo hecho una mierda, como esas miserables.

Al: Una vez me preguntaron: "¿tienes speed, tú?". Y entendí otra cosa.

Cordero: Pues anda que no hay pellejas desalmadas en la cola del súper, y nadie les dice nada.

Errante: Las lavanderías sirven para sacar los trapos sucios de casa.

Esadelblog: Gracias. En estas situaciones me quedo sin palabras.

Confín: El agua, siempre ardiente.

Humo: Llevo una semana con la sábana en la cabeza. Y me confunden con Tomás de 'El orfanato'.

Errante: No elimines!

Luigi: Es verdad, puede que necesite suavizante.

martin dijo...

Recomendación literaria: "Tinto de verano", de Elvira Lindo. y "Más respeto, que soy tu madre", de Hernán Casciari. En edición bolsillo ambos. Muy, muy divertidos, como tú.