lunes, 12 de noviembre de 2007

Un metro bajo tierra

Todos los viajeros del vagón estaban muertos. Había algunos viejos, pero pocos, que éstas no son horas de morir a según qué edades.

Estaba el gilipollas de la moto haciendo el caballito, y el inoportuno que se puso delante. Estaba el agotado que se durmió al volante y el otro, el tonto, el que desde el principio todo el mundo colocó ahí. Dos putas yonkies se espatarraban en un asiento con las piernas tan abiertas como tuvieron en vida. Y, agarrada a la barra, también estaba ésa vestida de militar; con botas de tacón y chúpamela la punta, eso sí.

Estaban el que se inmoló y el que no lo hizo; en la portada de su libro se leía: Tao. Estaba la madre desesperada, la hija desaparecida. El violador que de repente se clava su propia navaja en el costado. Y también el suicida, que ahora que ya está, se lía un porro.

Estaba el que cumplió veintisiete y, como los grandes, no quiso cumplir más. Alguno que, como quien cruza el estrecho, cruzó el Llobregat. La típica enferma que dejó de comer. El típico comilón que dejó de ponerse enfermo. La del cáncer, el del cáncer, la de pecho, el de pulmón.

Algún niño que, jugando en aquel acantilado, llegó demasiado lejos.

Alguna niña que, jugando a ser mayor, se pudrió de repente.

Los tres que prescindieron del arnés. El del hígado deshecho. Aquél que se arrepintió de haber matado a su mujer.

La mujer asesinada. El currante al que le dio un infarto. El de los cuatro millones de rayas. Uno al que atribuyeron causas naturales. El que no pudo más. La que nunca sabrá que hubiera podido.

Otro accidente laboral. Ella se atragantó comiéndose una pizza.

Nació así.

Fue la mafia, una de tantas.

Nunca sabrá lo que pasó.

Otro suicida. Y van tantos.

Éste fue de puro aburrimiento.

Entonces me doy cuenta de que voy en el mismo puto vagón. Siguiendo su puto mismo camino.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Bájate en la próxima estación.

Gurb.

el llamado perdido dijo...

Por lo que veo, has debido leer bastante a Cortázar, no?
A mí también. Me gusta cómo escribes, yo también busco a Cesárea Tinajero.
Un saludo.

al dijo...

También había (o no) un muerto pidiendo limosna para curar a su hermano, enfermo de catenaria.

Luigi dijo...

Mi querida amiga, haga caso de lo que decía mi abuela, que cuando soñaba que moría un ser querido, en realidad le estaba dando mas días de vida.

Ficticio dijo...

Camino del hoyo.
Camino del hoyo a 98 cm. bajo tierra lo que queda es hacer esos 2 últimos centímetro muy, muy despacio.

el llamado perdido dijo...

Qué fuerte lo del fantasma de Bolaño. Ojalá sea verdad para poder seguir inventándomela yo también, y así vendré un día y te diré: "si buscas a Cesárea Tinajero, mira a quién encontré yo:" y leerás mi post, y sabrás que soy un buen amigo de aquel inlglés.
Qué bueno que conocieras a Bolaño, parece increíble!

humo dijo...

Cuando publiques alguno de tus libros, no olvides poner aquí la reseña, para quienes no tendríamos otro modo de hacernos con él. :)

errante dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
martin dijo...

De lo mejor que has escrito. Me has dejado un hueco aquí en el estómago por culpa del puto vagón.

Cosas mias y otros cuentos dijo...

Eres absolutamente fantástica. Qué envidia, coño...