domingo, 25 de marzo de 2007

En un lugar de Leipzig




Lunes. Veo La vida de los otros.

Martes. Recibo una llamada sin misterio.

Miércoles. Salgo hacia Frankfurt. De allí iré a Leipzig. Todavía en el aeropuerto del Prat, una chica me hace una encuesta. Una de las preguntas es cuál es mi destino. Se lo digo. Pone cara rara. Dice: "¿Eso cómo se escribe?". Es otra manera de preguntar: "¿Eso dónde está?".

Posible respuesta: en la vida de los otros.

Llegamos a Frankfurt. Un técnico lanza nieve en la pista de aterrizaje. Aquí los frankfurts no se llaman así; lo descubro al pedir uno. Luego también llegamos a Lepizig.

Por la noche conozco a un bibliotecario berlinés que quiere saber dónde se baila tango en esta ciudad. Le digo que también hay quien quiere saber cómo se deletrea.

Jueves. Al técnico de la nieve se le ha ido la mano y la primavera parece blanca navidad.

Voy a la Feria del Libro. Aquí la gente paga para leer, y para oír a los autores hablando de sus novelas, y para oírlos recitar sus poemas, y la feria está llena de gente encantada por haber pagado para eso y para comprar un montón de libros.

Empiezo a pensar en la teoría de los opuestos y los espejos. Eso de que si hay algo blanco tiene que haber algo negro en otro lugar del mundo. Y que para que exista la izquierda necesariamente tiene que existir una derecha. Y que Leipzig es el antagónico a España, donde no leemos ni aunque nos paguen.

Viernes. Abro un libro. Lo saco de un estante donde hay títulos antiguos. Es el primer número de la colección Insel Bücherei. Die Meife von Liebe und Tod des Cornets Christoph Rilke, de Rainer Maria Rilke. Editado en 1899. Me cuesta leer la tipografía gótico germánica.

En la primera página, hay una dedicatoria que no entiendo porque está escrita con pluma de ave. Y porque está escrita en alemán. Empieza con una cita de Matthias Claudius, y pone (transcribo más o menos): "Hit slueze dunsdun kindes find eitel arue fünder und sinen gar nicht biel; hit spinnen Luflpespinste und suchen viele Rinsle und Rommen kneiter frundam". O algo parecido.

Está dedicado a Vera Bendit el 21 de septiembre de 1937.

Mi abuela se llama Vera Bendit.

Sólo que mi abuela no sabe alemán. Que yo sepa. Ni conoce a ningún Dineldorf. Que yo sepa. Compro el libro por 4 euros.

Sábado. Visito las iglesias de San Nicolás y Santo Tomás, donde está enterrado Johannes Sebastian Bach. En su tumba hay flores frescas. Un coro ensaya. Escucho a la soprano hasta que los ojos se me empañan.

Domigo. Pienso que hace una semana yo no era ésta.

Me veo en la vida de los otros.

2 comentarios:

Abraham dijo...

Buen viaje para la vida y el terror

la guardiana dijo...

Yo también me he sentido a veces en la vida de los otros y es una sensacion extraña, pero me gusta.