viernes, 20 de julio de 2007

El Pato Encadenado

He contado dos veces la historia de la calle de París por lo siguiente: una de ellas representa lo que pasó, y la otra, lo que le conté a Ramón Chao.

Después de dudarlo mucho, un día me decidí a llamarle desde una cabina. "¿Desde dónde me llamas?", preguntó. "Desde una cabina", contesté yo. "Pero, ¿dónde está esa cabina?", volvió a preguntar. "En el Boulevard Raspail", respondí entonces. Recuerdo el Boulevard Raspail como un sitio con árboles en el que, una vez, una mujer extrañamente amable me vio muy despistada mientras intentaba entender un mapa y me ayudó. Con el tiempo he entendido que en realidad debí imaginarlo.

Bien. Ramón Chao me citó en la radio la misma tarde que lo llamé, y al verme preguntó: "¿Cómo has llegado hasta aquí?". Le respondí: "En metro". Insistió: "Sí, pero, quién te ha dado mi teléfono". Y entonces le conté lo de la calle y de Montmartre y de la bici y un chico y las escaleras del Sacré Coeur y una nota con un número de teléfono al que no me atrevía a llamar. Cuando acabé, Ramón Chao me miró con ojos como platos y dijo: "¿Sabes que me encantas?". Pero en realidad no es que me estuviera mirando con ojos como platos, sino que me miraba las piernas, porque llevaba falda.

La cuestión es que durante unos días fuimos amigos, y me llevó a una fiesta pija para celebrar noséqué aniversario de Le Canard enchainé, que es un periódico satírico como El Jueves y que, como El Jueves, se publica los miércoles, pero que, a diferencia de El Jueves, no lo secuestran. Pero bueno, yo era consciente de que, aunque en esa fiesta conociera a los mejores periodistas franceses, nunca me aceptarían como una más de ellos, porque en realidad era pobre, y no era francesa, y lo único que les interesaba de mí era verme las piernas, porque llevaba falda. En cualquier caso, comí como nunca más comí en París, y bebí los mejores vinos y me paseé por los jardines y me emborraché un poco y lo pasé muy bien. Menos cuando Chao padre me habló de sus Chaos hijos, uno de los cuales le había dicho "chao-chao", pero no puedo deciros quién.

Ramón había tenido una embolia, y le daba miedo sentarse al piano. Le acojonaba no hacerlo bien.

Por aquellas fechas, cumplí cinco años menos de los que tengo ahora, la familia que me prestaba su chambre de bonne me regaló un viaje a Londres y Ramón Chao, al saberlo, me dijo que llamara a unas amigas suyas que luego resultaron estar como cabras. Lo cual, teniendo en cuenta que mi tía era una yegua, no estaba nada mal.

En términos narrativos, diríamos que todo lo escrito hasta ahora enlaza con una tarde en la que me encontraba en la casa de mis sueños en Ascot. Habíamos ido hasta donde corren los caballos para ver si es cierto que los jockeys son pequeños. Y en efecto, lo son, porque le dan tanto al caballo que no crecen. Al verlos, las hijas-hermanas de mi tía los adoptaron, y les pusieron toda la ropa de bebé de una marca que forma parte de la misma casa de Pringles y Schweppes. Hasta que, claro, los jockeys se cansaron de tanta camisita y tanto camesú, que no sé lo que es pero que queda muy de muñeco Nenuco.

En fin, que después de todo eso, le dije a la yegua de mi tía que iba a hacer una llamada. Marqué el número que me había dado Ramón. El teléfono dio señal. Y al quinto tono, alguien al otro lado contestó chillando algo que no entendí, pero que no era "Happy Jubilee", sino más bien: "England World Cup!", o algo parecido. Entonces pensé que estos ingleses son una panda de gritones.

"Hello", empecé a gritar yo también, "I'm calling from... well, I'm a Ramon Chao's friend... may I speak to... Happy Jubilee!!!". Al otro lado, quien había contestado dijo en un perfecto castellano: "Ah, hola, ya nos dijo Ramón que llamarías. Pero no nos dijo que fueras monárquica. Claro que ser monárquico en España es un poco patético, con lo drogata que es Marichalar, y lo ninfómana que es su mujer, y lo deprimida que está vuestra reina por culpa de los cuernos que le pone el rey, encima tenéis un príncipe que es maricón perdido. Menos mal que Cristina se casó con un tío parecido a él para que sea Urdangarin quien le haga los hijos a la persona que se case con Felipe, sea quien sea. ¿Cuándo dices que te istalas en casa?".

Al día siguiente volvía a estar en un tren cochambroso. Y me dirigía, sin saberlo, a la casa de las locas.

11 comentarios:

Para, creo que voy a vomitar dijo...

El príncipe es maricón perdido??? Whatta escándalo!

churra dijo...

La infantona es ninfomana? ¿sabes si tiene por casualidad un blog ?
Besos

Mario M dijo...

Pues yo el finde pasado conoci una chica que vivia en Ascot...

martin dijo...

que a la Leti le hacen los niños con bacalao a la Urdangarín?
Gensanta, que diría Forges

senilDion dijo...

Hola, soy el tío que siempre llega tarde. Creo que conozco al artista americano, aunque no me acuerdo de su cara. ¿Te has dejado el periódico o fantaseas con ello? ¿Qué es del Sr. Fregono?

Abraham dijo...

Que siga, que siga.

Luigi dijo...

Conociendo a Su Majestad y los abuelos de Su Majestad, resulta ovio que a la familia real que les gusta más la jodienda que comer con los dedos.

Zebedeo dijo...

¿Qué tal están los vinos franceses? Supongo que bien aunque seguro que los españoles están mejores ya que los otros son vinos gabachos. Tenías que haberles tirado el vino a la cara, ya que ellos nos tiraban los camiones lo mínimo que se puede hacer es tirarles su vino. Uy, se me está yendo la olla, debe ser por el Rivera del Duero que me estoy tomando.

Bueno, chao. Por cierto, bonitas piernas (aquí iría un silvido, pero como no se silbar bien busca el sonido en el emule y lo pones, o sino te lo imaginas y ya está)

vaderetrocordero dijo...

Siento el retraso en aparecer por aqui, questaba sin intenné!
Completamente de acuerdo con lo del vino. Y por cierto, ya mestas devolviendo estas cosas vividas que cuentas en las ùltimas entradas, que me las pedi vivir yo primero, amoshombre!

James Joyce dijo...

Cada día me gusta más cómo escribes. Esa manera de enlazar las ideas, esos juegos de palabras... y las historias que cuentas!

Besos

Una mujer desesperada dijo...

juraría que ayer había dejado un comentario, ¿me estaré volviendo loca? el caso, que me reí mogollón con el párrafo final, el que alude a nuestra ínclita familia real. estoy deseando leer las aventuras con las dos locas! un bico