viernes, 17 de octubre de 2008

Post Scriptum

Es como si todo estuviera anunciado. Pasas por delante de los capítulos futuros de tu vida, y no siempre te detienes a leerlos. Algunos están ahí con luces fosforescentes de ésas que no se apagan en seguida, pero los has visto tantas veces que ni siquiera reparas en ellos. Te dicen: "Vas a enamorarte de este tío", "Este otro no se detendrá hasta que le mandes a tomar por culo". "Dentro de diez años, vas a ser así".

Y, en efecto, cuando él te sienta sobre sus rodillas, en esta misma silla desde la que escribes ahora, y te dice: "avísame si te molesto", recuerdas aquel primer mensaje que leíste sólo de pasada, ¿exactamente en qué momento? Te parece que en la barra de Lórien, aunque seguro que fue más tarde. En el coche ibas demasiado ciega, no pudo ser entonces. Tal vez mientras chateabais, sí, eso es lo más probable. Saldría en uno de esos anuncios que parpadean en una esquina de la pantalla: tú lo ves, no lo miras; si te llega el mensaje es por un vistazo inconsciente que le echaste. Jamás clicarías encima.

Él te dice: "Lo digo por si esto se calienta", y tú respondes chula, rápida: "¿Más todavía?". Pero a estas alturas está claro que es un estúpido mecanismo de supervivencia, cuando la protección (hostiaputa, ¿por qué no te protegiste?) no ha sido más que una broma con la que él se ha reído de ti.

Lo sabías, lo sabías. Estaba en todas partes: un grafiti, un eslogan. No podrías decir exactamente dónde, cuándo, cómo lo leíste, pero estaba ahí. Y ahora, sentada en sus rodillas, un nudo en la garganta, saldrías corriendo y, con un spray, borrarías todas las pistas. Y qué, de qué serviría eso.

Haberlo visto en aquellos carteles por los que pasaste de largo sólo implica que estaba escrito. Vaya puta mierda. Neones, garabatos, poesía. Le arrancarías los ojos para que dejara de mirarte así. "Ya te he encontrado", dice él, como quien dice: "Te pillé". "Eres un cabrón", contestas.

Y te besa.

Se irá dentro de un rato, y sabes lo que ocurrirá después. Puedes apretar los párpados tanto como quieras. Esas chispas de colores que aparecen van transformándose en la tipografía de aquel futuro que creíste no haber leído y que leíste porque, como la publicidad, el futuro chilla. Tiza en las paredes.

Tápate la cara con las manos, arráncate la cabeza o el corazón, igual que en aquella película de Indiana Jones. No seas exagerada. Sabes cuál es la situación y los dos sois pragmáticos. Nada de sentimentalismos.

Continúa paseándote por la ciudad, las manos en los bolsillos, por delante de los futuros capítulos de tu vida.

Como si no los hubieras visto.

En realidad, siempre detrás de ellos.

9 comentarios:

Zittric dijo...

...o tratando de correr lejos de ellos...

SALUDOS

tequila dijo...

buenas Mel:
odio esa sensación de saber lo inevitabe... crees que él notará tu nudo en la garganta? su futuro tambien estará escrito o son inmunes "por huevos"?

Saludos

vaderetrocordero dijo...

De verdad que intentamos ser buena gente, pero a veces no podemos evitarlo (que diría el vizconde).

Y además, así salen textos como este.

Mel Alcoholica dijo...

Eh, un momento! Me he expresado mal. Con el último "en realidad, siempre detrás de ellos" no me refiero a los tíos, sino a "los futuros capítulos de tu vida". Se supone que el futuro va por delante, no? Pues entonces.

Detrás de un hombre, yo! Por favor! Habrase visto.

martin dijo...

Habrase!

Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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