sábado, 19 de enero de 2008

A quince centímetros

Mi amiga E y mi amiga La Loca estuvieron a punto de morir el mismo día.

E iba por la calle, cuando un ladrillo que se desplomó de una obra se hizo añicos a sus pies. Ella miró los restos del ladrillo, tardó en comprender. Se sentó en un banco y se encendió un cigarrillo. Un obrero se descolgó del andamio para ver si estaba bien. Y lo estaba, pero por quince centímetros.

La Loca, mientras tanto, se reponía en un hospital después de que (supongo) le hicieran un lavado de estómago. Dice que ahora caga negro. Pero el jueves de madrugada casi la cagó del todo, casi la cagó de verdad. Por culpa de hacer el gilipollas.

Mi amiga La Loca lo tiene todo, nadie sabe qué le falta. Tal vez más atención, aunque yo creo que tiene suficiente. Excesiva, incluso. Así lo exige ella. A veces creo que nos odia.

Mi amiga E casi murió sin querer, y mi amiga La Loca dice que vive sin querer.

Ayer me puse muy triste, y quedé con ellas.

E vino a la plaza que hay debajo de casa. En la plaza hay una fuente, y algunos apartamentos con las ventanas partidas por la mitad. Cada vez que E se levantaba para ir al baño, volvía con dos cervezas, y a las ocho de la tarde ya íbamos completamente borrachas. Teníamos que celebrar que el ladrillo no le partió la cabeza.

La Loca, una vez más, reclamaba nuestra atención. Y fuimos al barrio de Gràcia, para verla.

Mientras tanto, mi teléfono sonaba y daba órdenes. Gente que ni siquiera conozco me decía qué pruebas tenía qué pasar y qué debía conseguir.

Cené un bocadillo de tortilla. E apenas comió nada. La Loca llegó vestida de Dior, y preguntaba: "¿Tenéis unas medias a mano, por casualidad?". Su bolso pesaba como si estuviera lleno de ladrillos hechos añicos.

Seguimos sirviéndonos cervezas. La Loca juraba que aún no había empezado a tomar los antidepresivos, que podía beber alcohol, pero a veces miente. Llegó el novio de E, y llegaron sus amigos, y E y su novio daban un poco de rabia, la verdad, porque el amor en público es como una película de Meg Ryan o de Julia Roberts, que te dices: "putos yankies", pero en realidad lo clavan.

Mi corazón es como un ladrillo.

Llegaron mis hermanos, los tres. Sólo hablo del maligno, pero tengo otro, y en ocasiones se ofende porque apenas le menciono. Él es arquitecto, y sabe cómo construir sin que la vida se le venga abajo.

Mi tercer hermano es adoptado; una ciática lo ha convertido en el Bandini de los Noventa.

La Loca se volvió más loca aún (si cabe) por El maligno, y se quitó el vestido de Dior delante de todo el mundo, en medio del bar, y se puso unos pantalones y un jersey azul eléctrico. Mientras, mi amiga E, Bandini de los Noventa y yo soñábamos.

Mi hermano el arquitecto hablaba con su novia, que es la típica novia perfecta con quien seguramente se casará, porque mi hermano el arquitecto sólo puede hacer cosas perfectas para que su vida también lo sea.

Ladrillo, ladrido, año, añico.

Empecé a llorar. Iba muy borracha, y pensé en mi trabajo, en el alcohol, en Canadá, en el mes de marzo, en el humo del bar, que era una buena excusa para justificar mis lágrimas. Pensé en los caprichos, en las necesidades, en el capitalismo emocional.

Pensé que un ladrillo había estado a punto de matar a E, así, zas, pam, en apenas un segundo. Pensé qué coño le pasa a La Loca por la cabeza, quizá mereciera que le diéramos un ladrillazo para ver si así todo se pone en su sitio, así, pum, zas. Un segundo para siempre.

Pensé que debo ser una de las personas más afortunadas del mundo. Y eso me hacía llorar todavía más fuerte.

De qué hablábamos. De cine, creo. This is England, me parece.

E y el Bandini de los Noventa me abrazaban. Muy fuerte, muy fuerte. Así, hasta romperme.

Y yo seguía pensando que mi corazón es un ladrillo. Que se ha caído de la obra. Plaf.

A quince centímetros.

14 comentarios:

martin dijo...

A lo mejor es que me has pillado en un día tonto, pero me acabo de emocionar leyendo esta historia...

humo dijo...

No soy aficionada a las escritoras, pero cuando cuando una escribe bien, escribe bien, y comunica a otra mujer más que la mayor parte de los escritores.
Por eso vengo.

Pi dijo...

Meeeeel, me has emocionado. No te conozco, pero me sentaría contigo y te invitaria a una cerveza, o un ginlemmon, de los que nos gustan, y te pediría que me hablaras de canadá y de ese corazón ladrillo, tan rojo, tan que se rompe, pero que no te creas, los ladillos de verdad tienen esos agujeritos precisamente para que cuando se les echa el cemento, éste se cuele y la casa quede bien hecha, y también para que, si les das un par de golpes con maña, cojan forma y entonces puedas hacer arquitos, y curvitas y mariconadas en las casas perfectas.
La vida, como la construcción.
Un abrazo grande, y lo de siempre, ya que te he acostumbrado, ¡qué grande eres escribiendo!

Ficticio dijo...

Como siempre, me has llegado a las trizas.

iza dijo...

Hoy me tomo un chupito nada más, pero me temo que vendré a brindar por aquí muy amenudo.
chin-chin

rotario dijo...

Te entiendo perfecto.
Este finde la cerveza también me hizo llorar. Sería el humo? ya me gustaría, pero lo dejé hace unos meses.

Nos tomamos hoy una? cerveza, digo. Bien fresca ... mmm ... qué placer!

un abrazo

vaderetrocordero dijo...

Te lo cambio por el mío. Que no hago más que dárselo a cualquiera, y así me va. Claro que, si ya lo he dado, no hay trato posible. Tendré que buscar otra cosa...

¿Te pongo una cerveza? Invita la casa.

ISIDRO R. AYESTARAN dijo...

Sinceramente, uno de los textos más hermosos de los que he leído últimamente, plagado de grandes frases y de un rico mundo interior.
Mi más sincera enhorabuena.
He llegado a este blog por casualidad y he decidido quedarme.
Mil besos
ISIDRO

Mel Alcoholica dijo...

Brindo con todos vosotros por algo que está a punto de suceder.

Martin: te toca el martini. Lo llevas escrito en el nombre.

Humo: tú pones los porros.

Pi: tú, la pipa o la cachimba.

Ficticio: nos haremos pedazos, pero no menudencias.

Iza: Sant Hilari, Sant Hilari... O, en su otra versión: arríba, abajo, al centro y p'adentro.

Rotario: nunca digo que no a una cerveza.

Vaderetro: y por qué decir que no? prefiero una cerveza a todo ladrillo, que un dolor de cabeza por culpa del corazón.

Isidro: bienvenido a la barra sin estrellas. Pero con Estrella Damm. O Moritz. O Guiness, o Kilkenny, o Caffrey's. O lo que sea.

Gracias a todos. Buscad a KrazyKat. Esta ronda la pago yo!

Anónimo dijo...

Brindo por ti, por tus hermanos y amigas... por ese ladrillo que llevas dentro. Escribes genial, gracias
TEQUILA

Patrice dijo...

El primer texto tuyo que leo, y me ha encantado, emocionado; un colofón ideal para el final de este día insoportable.
Enhorabuena, volveré por aquí!
Saludos!

Cosas mias y otros cuentos dijo...

Pues yo también soy arquitecto. Y se me cae la vida a trozos y tengo la perfección hecha escombros. ¡Qué ladrillos una tu hermano?

martin dijo...

Éste es mi otro preferido. De lo mejor que has escrito. ¿con cuál de tus historias te quedas tú, Mel?

la guardiana dijo...

Ya soy una fan mas!