jueves, 2 de julio de 2009

El cementerio de hormigas


Echo de menos a mis hormigas.

Llegaron a casa hace unos meses, atraídas por el dulce olor de la miel que tenía en el armario de la cocina. No eran muy organizadas. Es decir: no iban en fila india dibujando ese poema de Salvat-Papasseit que aparece en una fachada del Born y que dice "Camí del sol · per les rutes amigues · unes formigues". 

A mí me gusta ese poema, porque siempre he pensado que mis cuadernos manuscritos están llenos de arañas que corretean por sus páginas. Y en el poema de Salvat-Papasseit las letras no son arañas, sino hormigas que pasan en fila india junto a una flor que parece un trébol de cuatro hojas y junto a otra en forma de estrella, y creo que a eso se le llama un caligrama.

Pero, como digo, las hormigas de mi cocina no iban en fila. Aparecían aquí y allá, desperdigadas, bastante perdidas. A veces también aparecen aquí y allá en el lavabo del cuarto de baño, aunque esté limpio. Y me pregunto qué buscarán. ¿Un rastro de jabón? ¿Los restos de pasta de dientes para lavarse las pinzas o eso que tengan las hormigas en la boca?

Las hormigas de mi cocina parecían perdidas, pero sabían perfectamente adónde iban: al bote de la miel. Me di cuenta un día que estaba muy resfriada, me dolía la garganta y quise hacerme, pues eso, un tazón de leche con miel. Decir esto en pleno verano suena surrealista; pero surrealista de película de terror. Incluso suena un poco gore. Imaginarse ahora un tazón de leche caliente con miel es peor que imaginarse un zombie destripado que llevara sus intestinos en brazos como en Cien años de soledad, creo que era. 

En fin, que entonces yo tenía frío, me sentía enferma y quería entrar en calor y tomarme la leche bajo las mantas en el sofá viendo cualquier porquería que echaran por la tele. Cuando, de repente, vi dónde estaban todas aquellas hormigas que yo había dado por despistadas y extraviadas. Estaban en el bote de la miel.

"A un panal de rica miel cien mil moscas acudieron que por golosas murieron presas de patas en él", aprendí en el colegio. Y recuerdo que, en aquella casa que mis abuelos tenían en el campo, unas tiras pegajosas pendían de las lámparas. Las moscas se acercaban a aquellas tiras asquerosas y ahí se quedaban, primero moviendo frenéticamente las alas, hasta que éstas también se quedaban adheridas a la tira pegajosa. Y así morían las moscas, agonizantes en una tira colgada de la lámpara que estaba justo encima de la mesa del comedor, mientras nosotros nos zampábamos un tabulé y un pollo al curry.

Cuando vi el bote de miel lleno de hormigas, mi primer impulso fue tirarlo a la basura. Pero luego pensé: si las hormigas van al bote de miel, no irán a otros lugares de la casa y no molestarán. Además, se quedarán para siempre dentro del bote porque tiene un mecanismo muy hijoputa, en plan embudo, por el cual es fácil entrar, pero difícil encontrar la salida. Por si fuera poco, es prácticamente imposible para una hormiga librarse de una piscina de miel.

La cuestión: que dejé el bote en el armario, y cada día iban nuevas hormigas en busca del Dorado. Me imagino que la hormiga reina debió decirles: cuenta la leyenda que existe un lugar donde se encuentra todo el alimento que necesitamos, más todo el alimento que necesitarán nuestros hijos, más todo el alimento que necesitarán los hijos de nuestros hijos. La putada es que nadie ha sido capaz de regresar.

Un hormigo listillo le contestaría: ¿y cómo sabemos que la leyenda es cierta, si nadie ha vivido para contarla? Y bueno, el resto está en Ramón J. Sender y en las películas Antz y Aguirre, la cólera de Dios. También estaba en el armario de mi cocina.

Todo iba bien, hasta que llegó un amigo de Madrid a pasar el fin de semana. Abrió el armario, vio el bote de miel, las hormigas en el bote y dijo: pero qué coño es esto. Le conté mi teoría, que mientras las hormigas fueran a ese bote no estarían molestando por la casa y no habría peligro en el caso de dejar olvidadas unas migajas de pan sobre la mesa, por ejemplo, o los platos por fregar.

Mi amigo interpretó que, en realidad, ésta era la manera que tenía yo para no sentirme tan sola en casa. Primero tuve duendes, luego una gata que no era mía, hay zombies en la trampilla, saludo al señor Fregono todas las mañanas (hoy ha regado las plantas mientras tendía las sábanas)...

... hormigas era lo que me faltaba. Que ni siquiera son hormigas: son fantasmas de hormiga, porque como se mueren en el bote, ahí se quedan encerradas sus almas. Cuando mi amigo de Madrid se fue, me dejó escrita una carta muy larga y muy bonita en la que, resumiendo, ponía que soy un auténtico desastre.

A mí me parecía lógico tener el bote de la miel lleno de hormigas, y se lo comenté a mi madre y también le pareció lógico: buena idea, me dijo, así las hormigas irán todas allí y estarán localizadas. 

Pero un día vino mi amor sobre ruedas y vio las hormigas pululando por el armario y dijo, qué guarrada es ésta, y tiró el bote de miel a la basura. 

Lo más extraño es que, desde entonces, no hay hormigas en casa. Yo creí que, si dejaban de ir al bote de miel, empezarían a ir a todas partes. Pero no. Ni siquiera hay hormigas en la cocina.

Reconozco que los días que me siento sola, como hoy mismo, las echo un poco de menos. Nunca fueron muy trabajadoras, pero aventureras lo eran un rato. En paz descansen.

5 comentarios:

Electro Duende dijo...

Mel

Finalmente somos como hormigas, una sociedad organizada.

Está bien que eches de menos cosas pequeñas, son seres vivos unicamente motivados por sus instintos, aunque no dice lo mismo la peli Cariño he encojido a los niños. Desde luego que hacen compañía.

Lo que no se es si estoi será una metáfora sobre el blog, si somos como hormigas en busca de la miel, estaría bien, todo tiene su correlación. Está claro que nosotros somos como hormigas, dice mucho de nuestra vulnerabilidad, cualquier dia el bote de miel va a la basura...

Las hormigas y su alma, una visión induista de la vida.

Desde luego, sin las hormigas pierdes parte de vida metafórica por los poemas. Sobre todo por la perpetuidad del embudo.

A saber hasta donde hubieran llegado.

Un abrazo

Zittric dijo...

Es bueno saber que no soy la única que cuida gatos ajenos, y que a cambio de las hormigas, alimenta caracoles y los cuida...por pura compañia.

SALUD!

Pi dijo...

Sin embargo no estoy de acuerdo con que venga el amor, sobre ruedas o sus propias piernas, y se tome el atrevimiento de tirar el bote de miel. No sé. Qué más da que esté o no de acuerdo.
un besito, Mel!

Anónimo dijo...

Está bien que te tirase la miel, un "tiempito" pase... pero no parece muy higiénco montar la fosa común de hormigas más grande de planeta en tu despensa, ¿no? ¡Bien por el ruedas!

Anónimor

Jesús Moguel dijo...

me haces imaginar tantas cosas, gacias por compatir tus historias.