martes, 3 de junio de 2008

Psycho análisis

(Este post ha sido modificado)

Los primeros fingían conocerme. Por una amiga en común, o por un breve encuentro del que ya me habría olvidado. Yo consultaba una de mis múltiples bandejas de entrada, ésas que se acumulan como en un bar de aeropuerto o en un McDonald's, una vez que ya has tirado los restos en una enorme bolsa negra. Viejos correos electrónicos a los que sólo accedes de vez en cuando, por si alguien todavía los trata como si no hubieran muerto.

No acabé de creerme que aquel tipo de Chicago, con quien apenas intercambié unas palabras durante 20 minutos una noche de enero, todavía se acordara de mí, del nombre del bar y de lo que hablamos, cuatro meses después, cuando me envió aquel e-mail. Pero le contesté.

Luego llegó la carta interminable de un chico majo que había leído mi novela por recomendación de alguien a quien ambos conocemos. Después fue la de aquel poeta, que me puso un montón de pegas por si se me ocurría volver a escribir. Fui amable, y respondí a ambos. Eran unos desconocidos, pero eran educados. Y a mí me hacía ilusión, claro, que me hubieran leído. También que tuvieran algo que decir.

Vivimos en la era del egolog, donde uno cuenta y los demás comentan. Hasta cierto punto tiene lógica que contactes con alguien que, por unas razones u otras, te ha interesado. Una persona agradecida -y últimamente me siento más afortunada que nunca- lo acepta sin más, con alegría.

Hasta que llegó el psicópata del manuscrito y, más tarde, el de la isla.

El de la isla parecía asimismo inofensivo. Bueno, en realidad, todos los son, supongo, si no traspasan la frontera de lo escrito. Es curioso lo mucho que duele algo que puedes leer cuando, en realidad, sólo lo físico es letal.

El de la isla traspasó esa frontera, y lo hizo a nado. Empezó a decirme que me había visto en noséquébar, o en noséquécalle, delante de noséqué librería, hace más de un año. Y me lo creí., porque me parecía recordar que estuve allí, hasta tal punto era minucioso en la descripción de los detalles. También dijo que conocía a mi madre, y a unos amigos con los que yo iba de joven. Pero ni mi madre ni mis amigos saben quién es.

Sin llegar a acojonarme, ahí es donde empecé a pensar que todo esto es un poco raro.

Han seguido llegando e-mails de desconocidos (siempre hombres) que hablan de temas agradables y de momentos compartidos en la distancia. No me molestan en absoluto, al contrario, me halagan. Y la verdad es que me alegro.

El domingo por la noche, en un piso enorme de Chueca, mientras los demás miraban un capítulo de House, se me ocurrió consultar el correo electrónico. Había pasado el fin de semana con mi amiga La Loca, y nos preparábamos para volver a Barcelona. En una de mis bandejas, uno de tantos desconocidos se refería a mí en tercera persona. No entendí por qué. En otra, otro desconocido preguntaba sencillamente: "¿Estuviste ayer en Madrid?".

¿Por qué le di cuerda? ¿Y quién se hubiera resistido? Saber que alguien te ha visto y que tú no podrías haberlo visto a él porque ni siquiera conocías su existencia es tan incómodo como emocionante. Pregunté. Respondió con el barrio, y la calle y la suposición exactos. Dice La Loca que siempre digo "inquietante", por eso no lo diré ahora. Pero tuve que tragar saliva.

Comprobado el éxito de programas como Gran Hermano, en el que el único mérito consiste en ser famoso, deduzco que hemos pasado de estar siempre buscando algo (el amor, o el dinero, o un futuro que nos plazca, o una continuidad dentro del bienestar -esto es: estabilidad), hemos pasado de estar siempre buscando algo, insisto, a querer ser el objeto buscado. A convertirnos en finalidad, en musa, en deseo.

Pregunté al madrileño: "¿Nos conocemos?". Su respuesta: "Nos conoceremos bien. Vamos a casarnos".

Estaba en una casa ajena viendo por el rabillo del ojo un capítulo de House, no podía expresar mi miedo, no podía echarme a temblar. Cerré el portátil de golpe, como si de este modo el psicópata madrileño se quedara para siempre allí dentro, como aquellos genios que están en las lámparas y únicamente salen cuando las frotas.

Pero, ¿quién me asegura que el madrileño desconocido es un genio? ¿Cómo saber si es rico, postcínico, guapo y está bueno? Evidentemente, sólo hay una manera de saberlo. Y esos putos desconocidos saben hasta qué punto debilita la curiosidad a personas como yo, hasta qué punto esa misma curiosidad abre las puertas de mi mundo perfecto a la incógnita que representan ellos.

Han introducido tu nombre en Google, han buscado tu e-mail. Te han dedicado un tiempo y un esfuerzo, y ahora exigen que se lo devuelvas.

No todos con la misma pasión, claro; la mayoría de psicópatas no lo son. Pero algunos insisten, y se cabrean si no contestas enseguida. "Supongo que no recibiste mi último e-mail", ponen. Y en el siguiente: "Como sigues sin decir nada, intuyo que tienes un problema con el servidor". Y media hora más tarde: "Eres una maleducada, podrías haber dado por lo menos un OK, que no te cuesta nada". Y transcurridos otros diez minutos: "Tal vez es que estás de viaje; en tal caso, no hagas caso de la carta anterior". Y cinco minutos después: "Si estás de viaje, cuéntamelo todo, me gustan los detalles, quiero saber qué comes, a qué lugares has ido, si has conocido a alguien". Y otra hora más adelante: "¿Mel? ¿Estás bien?". Y luego: ""Di algo o creeré que te has muerto". Y después: "Respóndeme, no hagas que me sienta como un loco paranóico".

Bueno, la cuestión es que no sé si el madrileño que asegura que vamos a casarnos es así. Y no lo sé porque regresé a Barcelona, trabajé durante todo el día, ayer también, y sigo sin atreverme a abrir mi correo electrónico. La verdad es que no sé qué me da más miedo. Que el madrileño sea un loco pillado que me haya saturado la bandeja de entrada, como aquellos preadolescentes que la cargan de coca-colas super-mega-size y BigMacs de siete pisos, o... o que no haya escrito nada más.

Supongo que entonces me vencerá esa curiosidad que tanto me debilita, y le escribiré yo a él hasta averiguar si reúne las condiciones indispensables para ser, efectivamente, un buen marido (en caso de que eso exista, claro).

En situaciones como ésta me pregunto quién está más loco, si el observador o el observado. Si aquél que se ha dirigido a ti porque cree que sabe quién eres, o tú misma, que también te diriges a él sin tener ni puta idea de quién es.

12 comentarios:

Ficticio dijo...

Jaajajajajajaja just for laught

Se que tengo algo para comentar con relación a lol que escribes pero no voy a rebuscar en la memoria, lo dejaré por dicho, jeje.

Cuanto más egolog, egológico, ecológico mas guay eres ;-)

En aquella realidad que une lo anónimo

Afectuosamente Ficticio

38 grados dijo...

Cambia de país, de nombre, y tíñete el pelo de caoba claro. No sé si te encontrará pero como mínimo viajas....perdona la confianza pero no sabía qué decirte con este rollito de tanto psicópata, vaya yuyu.

He llegado a tu blog recomendado por una Bitacora de Cuadritos. Con tu permiso, por aquí me tendrás más de un día.

la guardiana dijo...

Abre...

si tienes 20 email del loco haz caso a 38 grados

si tienes 0-1 contesta y vuelvele loco

chexpirit dijo...

A mi me pasa eso con las llamadas perdidas de números desconocidos.
No puedo aguantar la curiosidad de saber quién son. En mi imaginación son chicas guapísimas que han intentado llamar mi atención dándome un toque. Pero la triste realidad suele ser que un primo ha cambiado el móvil, una señora se ha equivocado y me llama Juan o una fan me llama para pedirme noches de lujurioso sexo a las que me tengo que negar con alguna excusa venérea.
A pesar de esto, no puedo resistirme y acabo por llamar a ver quién es. Es superior a mi la sensación de saber que no se algo.

P.D. ¿Se puede comprar la novela que dices haber escrito?

Benjuí dijo...

Desarrolla la idea en diez capítulos y eres el próximo Premio de la Crítica.
Lo del marido: diga lo que diga, no te cases. Ni con él, ni con nadie. Lo de fundar familias es un asunto de tíos: que se casen ellos.
Ten todos los hijos que quieras pero no te pierdas fundando una familia, te lo pido por favor.
(Y a los señores que lean esto, perdón por el ex abrupto, pero es que no sé qué tiene esta chica tan independiente que pone en marcha todos mis mecanismos maternales, ya lo he dicho en otros comentarios.
Al fin y al cabo, esto es sólo un comentario).

tequila dijo...

la curiosidad mató al gato, pero siempre le quedan otras 6 vidas...
saludos

Ficticio dijo...

Chico análisis:

El balsero Rafael, quería un coche una casa y una buena muhé

al dijo...

Un consejo: no te metas en el Facebook, si no quieres que te salgan "amigos" por todas partes.

Zittric dijo...

Concuerdo con Chexpirit, es lo que pensaba mientras leía...pesca todos esos mails, los revuelves y los haces una súper historia de desconocidos que dicen conocer.

SALUDOS

La idea de guardiana, tampoco es mala...vuelvelo loco con otros chorrocientos mails

errante dijo...

Por lo que más quieras hazle caso a benjuí!!! No fundes familia, que se casen ellos... yo también te lo pido por favor.

Y pego la frente al suelo ante tu último párrafo.

Y no me preocupo por mis mails porque soy mujer y hasta ahora no creo haberte pedido en matrimonio. Aunque quizás ahora que estás siendo famosa... ;))

martin dijo...

¿quiere usted casarse conmigo, señorita?
Responda ahora!



Rápido.


Oiga?
Oiga?

Anónimo dijo...

Me identifico con este post.
A la pregunta que quien es más loco. Pienso que ambos.
Soy tan curiosa como tú.
Constato que no averigué quien era "mi" loco...pero cuanto insistí.
Me gusta leerte.