sábado, 8 de marzo de 2008

Los pecados de Dios




Dios era un mentiroso, pero estaba bastante bueno y nos divertíamos. Nos conocimos por Internet, quedamos delante de los cines Verdi. Su novia, evidentemente una monja, acababa de irse a Ibiza, donde pasaría el verano sin él. Fuimos a un bar donde daban quicos con la cerveza, bebimos, brindamos; no nos acostamos aquella vez.

Después de eso, nos pasamos tres meses follando y, creo que por nuestra culpa, aquél fue el verano más caluroso de la historia. Incluso las paredes ardían y de noche me quedaba sin respiración. Tenía que ir corriendo a la ducha para recuperar el aliento bajo el chorro de agua helada.

En septiembre, regresó la monja, y yo desaparecí como alma que lleva el diablo.

Llegó el invierno y fui a comprar un abrigo para no pasar frío en Bélgica. Dios y yo nos encontramos por casualidad delante del cine que había en Via Laietana. Seguía siendo un mentiroso, dijo: "Ya no tengo novia". También dijo: "Vayamos a ver El señor de los anillos". Y volvimos al Verdi, y volvimos a acostarnos, pero ya no ardían las paredes, ni tampoco nuestros cuerpos, ni los besos ni la pasión.

Como Dios es omnipresente, el día que volví de Bélgica (donde nevaba), un dos de enero, me estaba esperando en el aeropuerto. Lo intentamos de nuevo, primero escondidos en un bar de Girona, después en su casa. Nos quedamos dormidos cuando sonó el timbre de la puerta. "Podría ser ella", exclamó Dios. Eran las cuatro de la madrugada. Salté de la cama a la habitación de su compañero de piso, Adán. Adán dormía desnudo como desnuda estaba yo. Nos miramos sin vergüenza. Pero quien llamaba a la puerta no era ella. Y antes de que cometiera un pecado poco original con Adán, regresé a la cama de Dios.

Dios y yo quedábamos de vez en cuando. En ocasiones me daba plantón, pero nunca explicaciones. Yo había perdido la fe incluso antes de conocerle; nunca llegé a adorarlo ni a creer que con él obtendría la vida eterna (entera tampoco). Me gustaba comulgar con su carne, me gustaba que me regalara milagros. Me gustaba cuando tocábamos el cielo. Pero empecé a cansarme; exigía una devoción de la que yo no era nada santa.

Un día, quedamos para comer y no se presentó. Pasaron cinco minutos, diez, quince. Lo llamé sin oraciones ni invocaciones; bastaba con marcar su número en el móvil. Llegó con la lengua fuera, y una excusa extraña: la monja se había presentado en su trabajo con un ataque de ansiedad, igual que Santa Teresa. Ahora tenía que irse para redimirla de sus pecados.

Le dije: "Mírame bien, puto Dios, porque ésta va a ser la última vez que me veas".

A Dios eso no le sentó bien. La religión católica está muy mal como para ir perdiendo fieles. Bueno, yo no era demasiado fiel, pero algo es algo, debía de pensar Dios, y empezó a perseguirme por las calles del Gòtic.

Al doblar una esquina, me topé con la monja en pleno éxtasis. Le pregunté: "Perdona, tú eres la monja, ¿verdad?". Respondió: "Sé quién eres, pobre diabla, y si quieres a Dios, ya puedes llevártelo al infierno".

Luego se inició una carrera a lo Billy Wilder por los callejones; ella lo perseguía a él, él me perseguía a mí, yo quería salir de ese maldito entuerto.

De repente, mi teléfono empezó a sonar, una vez y otra y otra. No quería contestar. Pero contesté. Era ella; me citó en la plaza del Tripi para que nos tomáramos un café. No sé por qué fui. Tampoco sé por qué, nos sentamos juntas y ella me contó un montón de cosas que yo no sabía y yo me callé otras tantas que no sabía ella.

Por ejemplo: Dios y la monja estaban viviendo juntos.
Por ejemplo: ella creía que sólo me había acostado con él una vez, por culpa de un desliz, la noche que fuimos a ver El señor de los anillos.

Sonó mi móvil por enésima vez, y en la pantalla apareció la palabra "Dios". Se lo pasé a la monja, para que contestara ella.

A Dios casi le dio un infarto al descubrir que estábamos juntas, hablando. En plena confesión. Por mucho que rezara, llegaría demasiado tarde.

No sé si ella hizo penitencia y vivió clausurada en el convento con él, bajo voto de silencio; no sé si ella se hizo atea.

Yo sigo creyendo en él. Es decir: sigo creyendo que es como otro cualquiera.

O sea, por los siglos de los siglos, y todo eso.

18 comentarios:

juan dijo...

Por eso romanos, griegos y egipcios optaron por tener varios dioses. Más divertido que follar todo el rato con el mismo Dios, ¿no?

el agus dijo...

Buen relato.
No sabía que eras tú la que corrías despaborida por las calles de Gôtic, ni siquiera sé si me viste en mi puesto ambulante de figuritas de la Guerra de las Galaxias fabricadas con cerumen humano.Pero eso es otro cantar.
Puedo constatar que la historia es CIERTA.
(dime dónde compras esas cervezas lisérgicas...)
Saludos Divinos.
El Agus

vaderetrocordero dijo...

Declararte polígamo en la primera cita te evita este tipo de problemas. Ya me gustaría a mi que pudiesen encontrarse todas, tienen mucho en común (yo también me llevo bien con ellos). Y sin embargo mañana hasta tres de ellas estarán entre el público mientras yo toco y sé que no se caeran bien.

La Virgen!

Ficticio dijo...

Sin lugar a dudas que fue un verano caluroso, yo estube a punto de ir a por un aire acondicionado pero me convenciaron para ir a ver una concierto de Violadores del Verso.

Jejeje, la ostia. Gracias a ti Dios-Google ha tenido el exito que tiene, tela-red. Quicos, krikos, maní, ji ji jí.

Movilízate y domina, mueves los hilos, telared.

Nietzsche

El germen, el germen del trigo, el cornezuelo de la cebada.

La verticalidad de los sentimientos

dintel dijo...

Me ha encantado eso de "creer en él. Es decir: sigo creyendo que es como otro cualquiera".

beyo dijo...

me encantó!
y el anterior. y el anterior. y el anterior...

un saludo :)

Benjuí dijo...

Dios está casado. Ha estado siempre casado. Y no se divorcia porque es católico, pero no renuncia al adulterio porque es divertido para él.
Tan divertido para él como aburrido para la "otra".
Lo sé porque hace siglos tuve un lío de verano con él.
Pfff. Tampoco era un follador divino de la muerte.
Anda y que le den.

el agus dijo...

Retoqué la mierda de post que hice, me ha quedado peor pero lo dejaré así. HArmani me ha comentado que mandará un asesor de imagen pa mi blog, todo lo demás será espera...
Saludos desde el epicentro de la necedad...
El Agus

rotario dijo...

Ay esos veranos calurosos. Luego, llega septiembre y con él aparecen monjas, miedos, mentiras ...
Chica, yo tuve un dios hace bien poco y ahora quiero convertirme en atea. Pero no se cómo hacerlo. No sabía que mi fé podía ser tan grande.
¿me tendré que ir a bélgica?

Anónimo dijo...

yo tuve un Dios divino de la muerte, pero no me quise arriesgar y me quedé con el terrenal. Soy feliz, pero quizas lo hubiera sido más con mi Dios. Ya han pasado siete años y todavía pienso en él a diario... ¿dónde estás...?

Ouhhyeah dijo...

El calentamiento global entonces es consecuencia de un simple calentamiento carnal no?

No me gustan los bares que ponen quicos, aunque menos los que te dan cacahuetes-comida-de-monos.

Me gusta tu blog, (al que llegué un día por casualidad), y acudo a el siempre que el trabajo me saca de mis casillas

medio cobain dijo...

buscar y adorar uno, dos, tres, cuatro y hasta cientos de dios@s creo que es divertido pero al final te cansas de tantos dios@s.
"sólo puede quedar uno" decían en una peli. que cada uno decida.

y ser agnóstico sería tan aburrido, tan frío!!

que cosa tan rara... qué hago yo hablando de religión

errante dijo...

yo soy muy predecible en mis comentarios: me gustó mucho como lo contaste.

Zittric dijo...

Y este dios no creo que cambie, total es católico, y al final cada domingo es perdonado por sus pecados semanales.

SALUDOS

confin dijo...

A Dios lo que le gusta es joder. El chiquichiqui. El crusaito.

¡Dio cane!

Un abrazo fabril.

al dijo...

¿El voto de silencio es un voto en blanco?

martin dijo...

foto!

la guardiana dijo...

Aí que el cristianismo se equivoca, una vez más. No existe un solo Dios existen millones escondidos entre nosotros.

Y Jesús que opina de todo esto? no me extraña que se emborrache en la cena con los amigos! a saber quién es su dios!