viernes, 21 de diciembre de 2007

Gusanos de seda

Sebastià Zanoguera ©


La Sole tiene un nombre hortera, pero es una de mis mejores amigas. Es la típica que te apoya cuando te dan plantón, por ejemplo, y no le importa dormir contigo aunque no le hagas ni puto caso. Se recuesta a tu lado y a veces te cuenta un cuento en el que nunca es la protagonista. O simplemente hace guardia en la puerta, para que no te pase lo mismo que a José Luis Moreno a quien, el pobre, ya podrían haber defendido sus muñecos.


El problema de Sole es que es tímida. Nunca la verás en una comida navideña, ni en una cena de empresa. En ocasiones sale de fiesta, pero entonces se limita a esperarte en la barra, para cuando hayas conseguido deshacerte de esos moscones. Va pidiendo whiskies sin demasiada impaciencia, consciente de que no quieres nada con ella. Consciente también de que la quieres, sobre todo en ocasiones como ésta, en la que un completo desconocido menciona partes de tu anatomía que ni siquieras sabías que existieran.


Recuerdo que, en el colegio, me daba algo de lástima. A la hora del recreo se sentaba siempre debajo de una morera a la que arrancábamos las flores para comérnoslas y de la que también arrancábamos las hojas para alimentar a unos gusanos de seda que apestaban en aquella caja de zapatos. Y en realidad esos gusanos eran como una metáfora del futuro, cuando el futuro era lo único que nos quedaba y no sabíamos ni qué significaba. Gusanos que desaparecían como capullos y se convertían en unos bichos aún más repugnantes que ni siquiera sabían volar i se unían por los culos y ponían huevos naranjas.
Igual que la mayoría de los humanos, supongo, que se arrastran, y apestan en esa caja de cartón en la que encierran su vida, y nunca aprenden a volar. Por huevos.

La Sole se sentababa bajo las moreras y a menudo yo me sentaba con ella, y nos contábamos historias como ésta. Hasta que mi profesora de física y química, que evidentemente era lesbiana, llamó a mis padres y les dijo que creía que era autista. Y mis padres vinieron al colegio, y me prohibieron que pasara tanto tiempo con la Sole. Entonces yo tendría unos once años, quizá menos, y aprendí una palabra rara. La palabra rara era misantropía.


A mí misantropía me sonaba a una misa miope. En realidad, como todas las misas, supongo, porque a Dios siempre se le ha visto distorsionado. Es decir: de lejos, ni se le ve. Y de cerca, sólo con esas gafas que te ponen los curas para que no veas nada más.


En fin, la Sole es una amiga fiel. Una de mis mejores amigas. Y aunque la nuestra fuera una historia tan imposible como las que nos contábamos bajo las moreras, me siguió siempre allí donde fuera. De hecho, me ha regalado algunos de los mejores momentos de mi vida. Porque los momentos, sobre todo si están bien envueltos, siempre son regalso que valen la pena.


Los momentos sorpresa suelen ser los mejores. Y de ésos, en realidad, hay tantos.


El problema es que algunos se encierran en sus cajas de zapatos apestosas, y se limitan a respirar por esos agujeros que tú hiciste con la punta de un lápiz afilado.


Las puntas afiladas de los lápices sirven para que agujerees esas camas hinchables que salen en el teletienda de madrugada, unas camas que son como colchonetas de playa, pero en plan grande. Y en el anuncio una chica hace unos ejercicios extraños, como de karate, para demostrar que las camas hinchables son muy resistentes y anchas. Pero bueno, si pinchas una de esas camas hinchables del teletienda con un lápiz afilado, la cama se convierte en un globo al que has soltado la abertura, y entonces sales disparada por la habitación y también por la ventana. Y vuelas. No como esas mariposas de los gusanos de seda.


Con la Sole hacíamos experimentos de este tipo.


La Sole tiene un nombre hortera, y es tímida y complicada, y cada vez que paso demasiado tiempo con ella, luego tengo un montón problemas. Pero me cae bien, qué le vamos a hacer. Es una de mis mejores amigas, y la prefiero a muchas otras personas que conozco.


En cualquier caso, es una incomprendida. Aunque a mí me encanta cuando no dice nada, que es como decirlo todo, porque la nada todo lo abarca. O cuando, simplemente, está ahí, sin molestar. Paciente. Consciente de que, aunque sea durante un rato, siempre la necesitarás.


Y mientras tanto, escuchas un disco de Frida Hyvönen.


No se viste de satén ni de seda ni está mona. Por eso en estas fechas es mejor no presentársela ni a tus amigos ni a tu familia. No se viste de seda, repito. Pero eso es cosa de gusanos.

6 comentarios:

Para, creo que voy a vomitar dijo...

Me encanta como creas personajes..., y con esto no digo que sean ficción, pero me encantas como los vistes.

La historia de los gusanos es brutal, y la de la Sole es una de las mejores que he leído.

A mí sí que me gustaría conocerla pq de vez en cuando me he sentido un poco Sole.

Y tú por qué no te lanzas al mundo literario?

quien sabe dijo...

Me gustaria tener una amiga com la Sole...
Como ha dicho "para, creo que voy a vomitar", podrias dedicarte a escribir, es increible como enlazas las cosas, como redactas...etc.
Además tus historias son muy interesantes, no se si seran realidad o ficción pero todas las que he leido hasta el momento me han encantado.
Gracias

al dijo...

Deseo (y exijo) que pases una feliz Navidad, que rima con Sole.

Y un feliz Sant Esteve y, por supuesto, Sant Hilari!

Otra vez a viajar al olvido... dijo...

cerrado por derribo...

martin dijo...

Uf, cuán Sole me siento...

Érase que se era una chica tan delgada, tan delgada, que cuando se murió y la enterraron, tuvieron que echarle hojas de morera para que se le acercaran los gusanos.

vaderetrocordero dijo...

No hombre, no! Un misàntropo es un hombre lobo que va a misa!