sábado, 30 de junio de 2007
Yo de mayor quiero ser Sharon Stone
Yo tenía que ir a Ascot, porque, por un problema que tuvo con su dentista de pequeña, a mi tía (una prima lejana de mi madre) suelen confundirla con un pura sangre. Y no es que se instalara en Ascot para participar en las carreras. Es que, como es tan fea, siempre se cubre la cabeza con un sombrero, y claro, en Ascot pasa desapercibida, porque en Ascot hasta la Queen es capaz de cambiar su corona por un Strafolarious Hat, que viene a ser como el Stradivarius de la hípica.
Bueno, para ir a Ascot tenía que coger un nuevo tren. Yo iba por ahí pensando "One ticket to Ascot, please, one ticket to Ascot, please", porque si no pienso en lo que voy a decir, luego no me sale, porque me pongo muy nerviosa y me sale cualquier otra cosa, y todavía me pongo más nerviosa, y al final nadie me entiende, y me pongo roja como un tomate y me entran ganas de llorar, y la gente se cree que soy gilipollas.
Así que, muy concienciada, me acerqué a la ventanilla y dije: "One ticket to Ascot, please", y el hombre del otro lado (que llevaba un hat como los de Ascot, pero en plan jefe de estación) no me entendió. Mierda, creeréis que pensé. Pero no, no pensé mierda. Porque yo llegaba de París, y en París todo el mundo finge que no te entiende aunque te entienda. Así que insistí. Dije: "Ascot" (ascot que me das, pensaba mientras tanto). Y el tipo, nada, que no lo pillaba. Dije: "horses". Él: "Patti Smith?". Yo: "No, my name is Mel". Él: "Gibson?". Yo: "It's my guitar", porque tengo una acústica que tumba de espaldas a todo el mundo que no la lleve a la espalda, porque si llevas mi acústica a la esalda y te tumbas de espaldas entonces te mato. En ese momento yo llevaba la Gibson a la espalda, así que si llego a tumbarme de espaldas, me mato.
La cuestión: que el hombre de la ventanilla acabó por darme un billete y me cobró un montón de pounds que, menos mal, había cambiado en la Gare du Nord, y cuando por fin estaba en un tren roñoso rumbo no estaba segura de adónde, saqué mi guitarra de la funda, y compuse esta canción (hay que entonarla con vocecita rollo Ana Torroja o la Ojera de Van Gogh):
"Yo de mayor quiero ser Sharon Stone, cantar y rodar junto a los Rolling Stones. Mel Gibson me da asco, y por eso voy a Ascot en el mismo puto tren (y pienso: no puede ser) que tomó Harry Potter para desaparecer. Ir, no volver, beber y no comer, que Inglaterra está muy cara. Y como mi tía es tan rara lleva siempre un sombrero. Qué gorrero es el jefe de estación, a veces creo que es un trozo de mamón. Yo de mayor quiero ser Sharon Stone. Beber y rodar junto a los Rolling Stones. Beber y beber whisky, vodka, más cerveza. Beber hasta acabar con este dolor de cabeza". Gracias.
viernes, 29 de junio de 2007
La última página
"Toma", ha dicho, "no quiero saber quién es el asesino".
Luego ha bajado en la parada siguiente.
Era una página amarillenta, de un libro que tal vez pasó muchos años en el estante más alto de la estantería más recóndita de la más abandonada librería de viejo. Mal editada, con comas de ésas que separan el sujeto del predicado. Arriba del todo, un nombre escrito, repetido en ambas caras: Agatha Christie.
Y eso es todo. Agatha Christie no se reserva el asesino para la última página.
He pensado en salir corriendo tras el chico de la coleta y los ojos azules para advertirle de que el malo saldrá antes, tal vez en la página 185 o 186, que no las lea, que las arranque. Pero, para cuando me he dado cuenta, ya habíamos pasado tres estaciones después de la suya.
En la calle, de los árboles caían hojas de papel de periódico.
Ya en casa, acabo de leer otra vez la escena. Es una conclusión de Hércules Poirot; una conclusión ajena al crimen. Una descripción sin nombres propios, sin acusaciones ni una moraleja concreta. No resuelve nada porque a estas alturas el caso está resuelto.
Cuántas páginas habrá así en el mundo, me he dicho entonces.
Y también: ¿por qué coño ese tío no quiere saber quién es el asesino?
miércoles, 27 de junio de 2007
La rebelión de las grúas
La gitana se agita en el gancho de la grúa amarilla, que parece que no está flojo, menos mal, y de la falda le caen a la gitana todas las bragas y tangas que no va a poder vender hoy. Llueve, en efecto; llueven braguitas de una pirata marca princesa, y la gente mira hacia arriba. La gente nunca mira hacia arriba porque tiene tortícolis, porque por las noche la gente no duerme bien.
La gitana se queda allí colgada, mientras las otras tres grúas amenazan con agarrar al yonki que señala dóne puedes aparcar en un parking vacío, o a la farmacéutica lesbiana que ha ido un momento al banco, o a ese anciano jubilado al que tanto le gusta mirar y admirar las obras del barrio en destrucción.
A mí me da un poco de miedo salir a la calle y que el gancho de una de esas grúas me agarre. Me pesque como a un pez de secano. Esta mañana llevo falda y no quiero que nadie me vea las bragas.
viernes, 22 de junio de 2007
Otros
sábado, 16 de junio de 2007
Sábanas en sábado
viernes, 15 de junio de 2007
El señor Fregono en acción
El señor Fregono, captado en un momento de ardua tarea, mientras comprueba que los trapos que ha tendido ya están secos.
Esta foto fue captada con un zoom muy potente y demuestra que el señor Fregono no descansa ni siquiera en su día libre. Este hecho ha levantado las protestas de la AMAC (asociación de marujonas y amas de casa), quienes reinvindican por lo menos un día semanal de asueto. Su presidenta, Marujita Díaz, ha adelantado a este blog que si vuelve a repetirse este acto de comptencia desleal, llevará al señor Fregono a los tribunales.
Este blog no ha tenido acceso a las declaraciones del señor Fregono, cuya espalda se repruduce sin permiso de su portador, puesto que ignora absolutamente haber sido víctima de una foto robada.
Rogamos no se lo hagan saber. Gracias.
sábado, 9 de junio de 2007
Papel de váter

sábado, 2 de junio de 2007
La maldición de Damián
Mi primo acaba de llamar por teléfono. Ésta ha sido la conversación:
Él: Hola, prima, ¿qué estás bebiendo?
Yo: Pues una sidra, porque la nevera se ha tragado hasta la última cerveza que quedaba. Y la verdad es que está bastante asquerosa, pero qué le vamos a hacer.
Él: Ya, bueno, yo también voy a tragarme una boda mañana.
Yo: Hostia, pobre, qué coñazo. ¿Y quién se casa?
Él: Pues yo. Pensé que ya te lo había dicho. De hecho, pensé que te había pedido que te encargaras del pregón. Es más: pensé que ya lo tendrías escrito.
Yo: ¿En serio pensaste todo eso?
Él: No, qué va. Pero creí que se te habría ocurrido. Como tienes tanta iniciativa...
Yo: Buf, últimamente he iniciado muchas cosas, pero no he acabado ninguna. Y ya sabes que ir a bodas va en contra de mis principios, así que ni siquiera puedo iniciarme en eso. No sé si me entiendes.
Él: Si no te cuesta nada. Además, también tienes imaginación. ¡Le enseñaste a mi hermano de siete años cómo se lían los porros con un papel del extracto del banco y los cuatro yerbajos que encontraste un parque infantil!
Yo: Intentaba educarlo. El porro salió tan malo que nunca más se acercará a las drogas.
Él: La verdad es que no fuma.
Yo: ¿Lo ves?
Él: Ahora le da a las pastillas. Dice que le saben como las mujeres; a nada.
Yo: No puedo estar en todo. Además, los maricas son más felices.
Él: Tiene once años.
Yo: Por lo menos no es pederasta. Y once años son un montón. A ver si te vas a sentir viejo cuando queden once años para que te mueras.
Él: No entiendo lo que quieres decir, pero suena filosofante. Bueno, tía, ¿te animas o no?
Yo: Prima.
Él: Dices, qué se yo, que soy tu primo preferido, que soy la hostia, que te pone muy triste que me case... cosas de ésas que emocionan tanto. Es que si mi futura mujer no se emociona, no mojo.
Él: Un poco. Por lo visto sólo se excita cuando llora, pero las hay peores que sólo se excitan cuando las tocas. Además, tiene buenas tetas.
Yo: Ya. Tiene tanto pecho que se lo toma todo a pecho.
Él: Más o menos.
Yo: No será de ésas que tienen el clítoris en los lacrimales. Leí en una Superpop del año 86 que había algunos casos en Oklahoma.
Él: No, su caso es casi único. Sólo han encontrado otro en Singapur. Resulta que tienen el Punto G en las fosas nasales, y únicamente consiguen ponerse a cien cuando moquean. Así que puedo resfriarla o hacerle llorar.
Yo: Y prefieres hacer que llore.
Él: Los resfriados son contagiosos.
Yo: ¿Y cuándo dices que te casas?
Él: Mañana a las doce. Te vienes, lees tu pregón, me dejas como un rey y bebes lo que quieras. No hace falta que te vistas de putón ni nada, porque toda la gente será de la familia.
Yo: Coño, pero es que no estoy nada inspirada. La sidra ésta no tiene sustancia. Además, la impresora se ha quedado sin tinta, y no querrás que lleve el texto escrito a mano. Que queda supercutre y me salen callos en el dedo anular.
Él: Pero tía!
Yo: Prima. Y estás haciendo el primo conmigo.
Al colgar, me he quedado un rato pensando: ¿Qué sé yo de mi primo Damián? Una vez estaba cambiando la bombilla del pasillo, subida a una silla, y el muy cabrón vino con su puto triciclo y me tiró al suelo. Tuvieron que ponerme puntos en la frente, y el muy hijodesumadrequeesmitía me llamaba Unicej. También recuerdo la vez que meó en un botellín de cerveza y se lo dio de beber a la abuela. La pobre, como no quería que la llamáramos pija, no se quejó de que estuviera caliente; peor lo pasaron en la guerra. Así que se la bebió entera.
Si no recuerdo mal, a mi primo le abdujeron unos seres extraños que se hicieron pasar por hinchas del Athletic de Bilbao y le obligaron a presentar el Abdominator durante un montón de madrugadas en el Teletienda. La cosa no le fue tan mal, porque ahora reparte dinero por la pequeña pantalla cuando casi todo el mundo duerme. Primero te pregunta cosas como: ¿Cómo se llama la torre que hay en París? Y si no contestas Pisa, te dice: Elige un número del 1 al 10. Y si no contestas 17, le da la vuelta a un cartón y se pone a gritar: Premioooooooo, has ganado 35 euuuurooooooooossss!!!! Mientras tanto, en la parte inferior de la pantalla indica: "llamada a 2,85 euros el segundo transcurrido", o algo así.
En fin, la justicia universal todo lo abarca: mi primo se casa mañana. Ahora sólo tengo que pensar en algo que pueda decir delante de toda la familia.