jueves, 20 de octubre de 2011

Notary Club



Tengo un par de amigos muy pijos y bastante divertidos con un síndrome de Peter Pan que ríete tú de mí. Los conocí una noche en la que me secuestraron para llevarme a un infierno llamado Otto Zutz, en el que los chicos llevaban el jersey sobre los hombros y las chicas, tres meses míos de trabajo en ropa. 

En parte, reconozco que me gusta salir con ellos porque nunca jamás permitirían que pagara nada; es lo bueno de los conservadores. Hace mil millones de años, mi amiga La Loca llevó a cabo en el Otto Zutz uno de sus experimentos situacionistas. Le pidió 50 euros a un desconocido, él se los dio, y ella se fue con lo suficiente para pasar el mes. En otra ocasión, esta vez en la calle, reclamó a los peatones que le ayudaran a comprar un erizo y liberarlo así de la jaula de Las Ramblas, “tenemos que salvarlo!”. Luego, con la suma recaudada en la mano, se sintió tan culpable que se lo dio todo a un homeless.

Pero volvamos a mis amigos los pijos. Uno es laboralista; el otro, notario. El laboralista tuvo una novieta de veinte años que, antes de verano, se resistió un poco a salir con nosotros por el Born porque iba demasiado bien vestida para ese barrio (sic). La convencimos y tampoco era para tanto. Pongamos que se llama Bruni.

Pues bien, estaba yo ayer cruzando la calle Pau Claris, de camino a una cena, en mi iPod sonaba una canción de Glasvegas, cuando un chico hizo ademán de atropellarme con su Vespa. No le reconocí enseguida por culpa del casco. Veo que es el laboralista (a quien llamaremos así: Laboralista). Me quito los auriculares y, mediante gestos, le pregunto si piensa pararse para que hablemos un rato. Sube la moto a la acera y me dice que no puedo ir así por la vida, tan despistada, que cualquier día me matan. Le contesto que el semáforo estaba en verde. Son las diez menos veinte, comenta que no son horas de salir del trabajo. Me fijo en su corbata amarilla de calaveras rollo St. Pauli. Dice: “El proletario postindustrial, ya sabes”. Pienso: proletario, vaya huevos.

Apaga la Vespa y pregunta:
–¿Qué sabes de mi amigo?

Su amigo es el notario (a partir de ahora: Notario) y hace un montón que no lo veo.

Yo: Buf, hace un montón que no le veo. Nada. ¿Cómo está?
Laboralista: Mañana lo veré. Hemos quedado.
Yo: Ah, pues entonces dale recuerdos de mi parte.
Laboralista: La verdad es que yo tampoco sé nada de él, la última vez que nos vimos, nos hizo un feo y se largó a las doce y media o así, muy pronto. Dijo que se iba a casa. Y pensé: Melalcohólica.
Yo: ¿Melalcohólica?
Laboralista: Sí, pensé que había quedado contigo.
Yo: Qué va. Sería con otra.
Laboralista: Le gustas muchísimo. Nos envía todo el rato e-mails diciendo que si hemos visto esto o lo otro, cosas que has escrito y eso.
Yo: Pero qué dices, eso era antes. Ahora pasa de mí.
Laboralista: Te enteraste de que fuimos a ver a José Tomás, no?
Yo: Sí, lo de las entradas del señor Balañá.
(acotación: en la corrida del sábado, el Laboralista perdió las entradas para ver a José Tomás el domingo, en la que sería la última corrida de la Monumental. Entonces, agobadísimo, fue a ver qué podía hacer. Justo en ese momento, se encontró al empresario dueño de la plaza –así como de la mayoría de cines y teatros de la ciudad– y éste le acompañó a la taquilla y lo solucionó todo. Le hicieron un duplicado y al día siguiente, aunque había dos personas sentadas en sus sitios, que compraron las entradas en la reventa, cupieron los cuatro).

Laboralista: Fue muy fuerte, me lo encontré justo cuando estaba bajando del coche.
Yo: ¡Venga! Es un poco increíble.
Laboralista: Notario no me cree, ¿verdad?
Yo: No mucho. Pero Abogado sí.
(acotación: Abogado es el nombre que recibe otro amigo suyo que, pese a su apelativo, no es abogado).

Laboralista: Mierda, tendría que haber sacado una foto.
Yo: Sí. También me contaron lo de Bruni y que te pitaron los oídos y les enviaste un mensaje.
(acotación: en un momento dado, Laboralista vio a Bruni al otro extremo de la plaza. Fue hacia allá, y uno de sus amigos los vio besándose aunque se suponía que ya no estaban juntos. Empezaron a reírse de él y, justo en ese momento, Notario recibió un SMS de Laboralista. Decía: “Dejad de rajar, cabrones!”.

Laboralista: ¡Lo sabes todo!
Yo: ¿Y tú cómo supiste que estaban hablando de ti?
Laboralista: Porque yo también lo sé todo. Por ejemplo, sé que después de la corrida, Notario y tú estuvistéis chateando.
Yo: Exageras, nos enviamos un par de mensajes, como mucho. Le pregunté si se había emocionado. Además quería saber cómo le van las clases de golf y si tiene swing.
Laboralista: Toda la noche mandando mensajes.
Yo: Pues estaría escribiéndose con otra.
Laboralista: Noooo, él escondía su BlackBerry, y yo miraba por encima de su hombro, y ponía algo así como Melita o Mimí...
Yo: Mel.
Laboralista: ¡Claro! ¡Cómo no caí! ¡Mel de Melalcohólica!
Yo: Qué cabrón eres.
Laboralista: Mira, te voy a hacer un regalo que me ha hecho un cliente.

Se saca del bolsillo interior de la chaqueta un pequeño bote de LetiBalm Stick.

Laboralista: Es una crema reparadora para los labios y la nariz, para que los tengas bien tersos.
Yo: ¿Es una indirecta? ¿Tan arrugada me ves?
Él: Un poco.
Yo: !!!
Laboralista: Qué va, me encanta tu nariz, me encantan tus labios. Y a Notario más.
Yo: Qué pesado.
Laboralista: Si llego a saber que no se creerían lo del señor Balañá, les digo que me he encontrado a José Tomás directamente!
Yo: Hubiera molado, mucho más peliculero. Pero Abogado te creyó.

Hablamos de su moto, una vieja Vespa muy bonita de color crema. Él creía que yo ya la había visto, yo le contesto que no porque cuando coincidimos en el Born, se fue en el minicoche de Bruni.

Laboralista: Lo nuestro se acabó.
Yo: Eso dijiste la última vez, y luego te pillaron en la plaza de toros.
Laboralista: No, pero ahora estoy saliendo con una chica que creo que te gustará.
Yo: ¿A mí?
Laboralista: Sí, porque es muy creativa.
Yo: Buf, qué mal suena eso de creativa. ¿Qué quieres decir con creativa? No sé si me gustan las creativas.
Laboralista: Entonces, ¿quién te gusta?
Yo: Nadie.
Notario: Devuélveme el reparador de labios.
Yo: Bueno, a ver...
Laboralista: ¿Te gustan los notarios?
Yo: Claro.
Laboralista: Me dijiste que Bruni no te gustaba.
Yo: Nunca dije eso. Nunca se me ocurriría decir algo así.
Laboralista: Bueno, que no le veías futuro a lo nuestro.
Yo: ¡Qué va! ¡Si me pasé la noche insistiendo en que tuviérais hijos!
Laboralista: Jajajaja! Es verdad! ¿Por qué hiciste eso?
Yo: No sé, estaba blanda. De repente le busqué un sentido a la vida.
Laboralista: Siempre te agradeceré una frase que me dijiste aquella noche. La he repetido muchas veces y, joder, en cuanto la digo, las mujeres se abren de piernas ipso facto. Funciona en el 90% de los casos. Te debo la mayoría de polvos que he echado desde entonces.
Yo: ¿Qué frase es?
Laboralista: “Yo sólo quiero devolver lo que me han dado: la vida”.
Yo: ¡Jajajajajajaja! ¿En serio dije eso?
Laboralista: Supereficaz.
Yo: Mierda, un concepto tan trascendental llevado a...
Laboralista: Llevado a la practicidad. ¿Qué sentido tiene tanta trascendencia si no es para follar? Funciona con todas menos con las divorciadas que tienen hijos.
Yo: Claro, porque ya saben el coñazo que comporta ser madre.
Laboralista: Ésas se van corriendo.

En fin, que Laboralista se fue a casa y yo a cenar. Y bueno, reconozco que los pijos tienen su gracia.

5 comentarios:

soto dijo...

me ha gustado mucho... y me ha gustado mas pasar por aquí y saber que escribes con frecuencia.. :D
supongo que cuando no lo haces, es porque te lo estas pasando bomba o no tienes nada que decir..

vale, cuídate y espero sigas :D

soto dijo...

a propósito, en donde mas escribes, soy nueva aquí .. pero me ha gustado, tienes una narrativa increíble!

Viuda Dehombrepez dijo...

Los pijos molan mogollón, Mel. Te invitan, no pagas y te ven como un bicho raro. Además sabes que de ellos no te enamorarás en la vida, o sí, pero en tal caso (extraño), para rara y artista ya estas tú, así que comederos de tarro más bien pocos. Y no hablemos del sexo... que cuando les sale el ramalazo sucio... que se quiten los "hombres perfectos"!!!
Dios, parezco una Viuda Alegre!!!!

Paz dijo...

Es asombrosa tu habilidad para los diálogos. Lo haces parecer fácil.
Una entrada buenísima.

Alberto Ramos dijo...

Hace unos meses, la telefonista del señor Balañá me dio con la puerta en las narices, dejándome con la palabra en la boca.