martes, 9 de junio de 2009

Mi primera experiencia (en Bicing)

El otro día me apunté al Bicing. Lo hice por amor. Por amor se hacen muchas chorradas y se dicen muchas chorradas, como por ejemplo "sí quiero", cuando en realidad no quieres ni de coña. O sea, sí quieres a la persona a la que le dices sí quiero, y por eso se lo dices, pero no quieres hacer lo que ella te pide, ni mucho menos quieres decirle que quieres hacerlo. Pero bueno, como lo haces por amor, pues eso: tienes una excusa o algo.

En fin, que yo no quiero casarme ni tener hijos y tenía un pacto con mis amigas por el que nunca, nunca, jamás, saldríamos con un tío que fuera en Bicing. Que un tío se presentara a una cita con la mierda ésa de bicicleta roja y blanca y hortera era motivo más que suficiente para enviarlo a la mierda. Nunca en la vida se me habría ocurrido enamorarme de un tío que fuera en Bicing. Tampoco se me hubiera ocurrido enamorarme de un tío que hiciera surf. Lo último es que, encima, vaya en monopatín.

Eso ya es la hostia, un puto skater. Que yo soy una intelectual, joder. Que tengo un blog secreto, y una reputación, y una larga lista de hombres supuestamente interesantes con los nunca volveré a follar, y una novela publicada y mucho trabajo. No puedo perder mi valioso tiempo con tipos que tienen hobbies que se pronuncian en inglés.

El problema es que, en el año que hace que nos conocemos, él no me dijo que hacía surf e iba en skate hasta que ya era demasiado tarde. Lo de que era usuario del Bicing lo descubrí sin que me lo dijera. Y era demasiado tarde de todos modos.

Un día -evidentemente estábamos en la cama- intentó convencerme para que yo también me apuntara a eso del Bicing. Le dije que ni de coña, que prefería quedarme embarazada y que nos casara el Papa a hacer semejante vulgaridad. Pero aquella misma tarde me sorprendí preguntando a mis amigas si me retirarían la palabra en el hipotético caso de que me apuntara a eso del Bicing. Contestaron que la respuesta era tan obvia que resultaba estúpido formular la pregunta. Inmediatamente después se encendieron un cigarro en plan histérico, rollo: ésta nos falla.

Fallé a mis amigas, y el domingo por la mañana me metí en la puta página del ayuntamiento de Barcelona para darme de alta en el Bicing, entre lágrimas y quejas. La teoría es que pagas 30 euros anuales y puedes utilizar una bici del Bicing tantas veces como quieras, pero:

Si superas la media hora con la misma bici, te cargan 50 céntimos. Y te irán cargando 50 céntimos cada media hora que pase, hasta que se cumplan las dos horas. Entonces no sé qué ocurre, pero seguro que es terrible: Colón te mete el dedo en el ojo, la torre Agbar te parte el ojete, o algo todavía más chungo.

Como se supone que el Bicing es un medio de transporte, pero no de turismo, transcurrida media hora hay que dejar la bicicleta en uno de los múltiples aparcamientos del Bicing que se esparcen por Barcelona. Al cabo de 10 minutos, puedes coger otra bicicleta si todavía no has llegado a tu destino. La putada es que, con media hora miserable, los que vivimos en el extrarradio no tenemos tiempo ni de llegar a la panadería. Y si tengo que parar diez minutos a esperar, se me va a enfriar la baguette.

Lo peor: que como aparques mal la bici y se pase 24 horas por ahí suelta, te clavan una multa de 150 euros. Ya ves tú. Y qué garantías tienes de que el ayuntamiento no se inventa que la has aparcado mal para ir recaudando pasta por el morro.

Hasta aquí, la teoría.

El domingo fui a comer a Gràcia con el único hombre con quien la palabra "maravilloso" no me parece cursi. Y, cuando acabamos, me propuso que volviéramos a casa en Bicing para demostrarme hasta qué punto había aumentado mi calidad de vida desde que me había dado de alta en el servicio aquella misma mañana en un arrebato de pasión.

Todavía no me había llegado la tarjeta de usuaria a casa, pero él se ofreció a ir en skate mientras yo utilizaba su tarjeta para pillar una bici, aunque esas tarjetas en realidad son personales e intransferibles y se supone que no puede utilizarlas nadie más que uno mismo. Claro.

La cuestión: que vamos al aparcamiento de la plaça del Sol, y las cinco bicicletas que estaban aparcadas por lo visto se encontraban en malas condiciones y no se podían utilizar. Bueno, una pantalla indica dónde se hallan los parkings más cercanos y cuántas bicicletas hay libres. En las tres posibilidades que nos ofreció esa puta pantalla ponía: 0 bicicletas disponibles.

La pregunta que yo me hago es: para qué coño sirve saber dónde está el aparcamiento más cercano si no hay bicicletas disponibles? Pero como estoy enamorada y eso, intento mantener la calma, y voy caminando junto a mi surfer (que arrastra el skate como si fuera un perrito) hasta otra parada de Bicing. Y hasta otra. Y otra. Y otra. Y así.

Con siete parkings nos cruzamos de camino a casa, y los siete resultaron inútiles. Ya en Hospital Sant Pau (llevábamos media hora caminando), le dije a mi amor sobre ruedas: "pillamos metro".

Siempre he tenido la teoría de que los barceloneses son capullos, y el domingo corroboré que la teoría es cierta. Porque, a ver: si tú pagas por un servicio, ese servicio tiene que funcionar, no? Y si no funciona, puedes reclamar para que te devuelvan el dinero, o poner una denuncia. Pero ahí está el puto Bicing, el invento más absurdo y descarado del ayuntamiento de Barcelona para chupar pasta. Y nadie se queja. Todos dicen: qué bonito, qué verde, qué ecológico y qué moderno. Cuando, en realidad, al final no te queda más remedio que soltar la pasta del billete de metro e ir bajo tierra como las lombrices. Una puta basura.

Tú le dices a un barcelonés: pero ¿no ves que es un timo? Y él te contesta: es que, claro, la ciudad está en pendiente, y en las zonas altas no hay bicis porque la gente las pilla para bajar hacia el mar, pero luego nadie se atreve a subir, que pedalear cansa.

A diferencia de los parkings de Gràcia, los de plaça Catalunya, el Raval y el Gòtic siempre están llenos, con lo cual, no puedes aparcar la mierda de bicicleta. Con lo cual, transcurre la media hora inicial y el ayuntamiento te cobra 50 céntimos, y como no encuentres un sitio libre al cabo de media hora, el ayuntamiento te cobrará otros 50 céntimos. Hasta que Colón te saque un ojo o algo peor.

El domingo recordé por qué no quería apuntarme al Bicing: porque soy inteligente y a mí no me toma el pelo ni la peluquera. El problema es que no he perdido pelo, sino la razón. El corazón me lo han robado con la misma impunidad con la que me ha robado 30 euros el ayuntamiento de Barcelona.

Cuando por fin consiga ir en bicicleta por esta ciudad, me daré cuenta de lo bonito que es todo. Me daré cuenta de lo feliz que soy.

Entonces me dará igual.

11 comentarios:

Chexpirit dijo...

En mi universidad hay una cosa de esas de bicicletas, pero no la usa ni cristo.
Estuve en Estocolmo y allí iban a todos lados en bici, puede que sea una casualidad que reúna tus dos últimos posts. O puede que sea una gilipollez.
Yo también hice skate y molaba mucho.

al dijo...

Hay una cosa peor que no encontrar una bici disponible: encontrar una bici disponible.

Dicho de otra forma: la frase "ésta nos falla" se puede aplicar a cualquier bici.

eSadElBlOg dijo...

ja ja yo quedé una vez con un chico (parece que sea algo inhabitual no???, si,) y se presentó con la bici de marras, además había salido con el pelo mojado y con la bici se le había secado todo de punta, una aparición espantosa a plena luz del día. Casi salgo corriendo... Luego casi me hago del Bicing. Hoy delante de la FNAC illa me ha pasado, sin avisar, a 20 cm un tipo con su BTT con la rueda levantada a toda leche, me han dado unas ganas de darle una patada y tirarlo....

Sharif dijo...

Ah conque así es cómo no funcionan esas bicis...
Bueno leerte de vuelta.

Zittric dijo...

Hasta eso ya está globalizado...por estos lados del mundo también tienen esas bicis que nunca están buenas, y que no sé si son tan verdes...en fin.

Hoy he terminado de leer todo este blog...me he reido de buena gana...una pregunta, qué fue de don Fregono?...y de esas llamadas del Más Allá (así con mayúscula).

Gustazo...SALUD!

Pi dijo...

Qué estrés, la verdad.
YO quiero que aunque sea uno con Vespa me convenza para sacarme de paseo (cual perrita, sí, que se me cae la baba). Ay, el amor improbable. Qué envidia me das, querida.

Anónimo dijo...

Jopeta. Pues yo me monté el otro día y el roce del sillín me dio un rollo muy molón. Se me caía la baba, tú. Y eso que llevaba ropa.

V.

vaderetrocordero dijo...

Estás saliendo con Tony Hawks!!!

Tögrac Së dijo...

uy, a mí me robaron la bici hace un par de semanas. Espero que quien se la llevara siga con la diarrea que le he deseado durante meses

Calvin dijo...

Estoy contigo, una tomadura de pelo, y una pasta para todo el mundo. Sin contar la gente que va en bici sin saber como no molestar a los peatones.

Una murciana en bici.

Peter Parker dijo...

el veto a los hombres en bicing provenía de ti, querida, puntualizo