sábado, 15 de noviembre de 2008

Papel de periódico

Ayer, mi amigo Lou salía en el periódico. También yo salía en el periódico. Ambos aparecíamos acompañados de otras dos personas con las que participamos en una mesa redonda. Una imagen a toda página que me sonrojó; el color volvía a mis mejillas tanto en la carne como sobre el papel que acabará en el suelo de un baño fregado.

A veces mi amigo Lou me habla de su madre. Su madre es una anciana para mí, pero no lo es para él, porque cuesta mucho ver a nuestros propios padres como ancianos. La anciana señora Lou tiene 89 años, y perdió la cabeza junto al corazón el día que murió su marido, ahora hace ya dos.

Nunca he visto a la madre de mi amigo Lou, aunque me la imagino pequeña y encogida, con el pelo blanco y las manos también blancas, sentada en un sillón con las piernas escondidas bajo los faldones de una mesa camilla. Es una mujer elegante que deja que la peinen, y algún día será musa de un poema, probablemente cuando se muera.

La madre de Lou siempre dice que sus hijos son muy guapos porque su marido también lo era.

Ayer mi amigo Lou fue a visitar a su madre, y llevaba consigo el periódico. Conociéndole, seguro que fue él quien le enseñó la foto, orgulloso y contento. En mi casa fue al revés: mi padre fue quien me despertó a las ocho y media de la mañana para decirme que salía en el diario. Luego yo no se lo dije a nadie, y descubrí con horror que casi todos los pasajeros llevaban aquel mismo periódico en el avión, de regreso a Barcelona.

Una mujer, a mi lado, con el cinturón abrochado y la mesita en posición vertical, miró la página en la que salíamos los cuatro, y luego me miró, y volvió a mirar la fotografía, y después me volvió a mirar. Volví el rostro hacia la ventanilla y, bajo nuestros pies, pasaban las nubes arrastradas por un viento de Tramuntana, la nada y sa mar nostra.

"Sabes-a-mar" es el mejor verso de Bandini.

La madre de mi amigo Lou no se fijó en mi amigo Lou, cuando vio la foto en el periódico. A mi amigo Lou lo tenía delante, y en carne y hueso él es mucho más guapo. La madre de Lou siempre dice que sus hijos son muy guapos.

La madre de mi amigo Lou me señaló a mí, en la foto, un dedo blanco y flaco sobre mi cara en el papel, una uña limpia y perfecta, y dijo: "La conozco".

Es evidente que se equivoca, nunca he visto a esa mujer. Hablo con su hijo muchas veces por teléfono, quedo con él de vez en cuando, cotilleamos sobre el mundillo editorial y hablamos de esos libros que nos parece imprescindible leer. Recorremos Palma como dos amantes a la vieja usanza, mi mano sobre su brazo, que sostiene un paraguas. De vez en cuando me suelta alguna barbaridad y me sonrojo. De vez en cuando suelto una burrada y se enfada. Él sabe mucho, yo siempre tendré mucho que aprender.

Nunca he visto a esa señora, aunque la imagine pequeña y encogida y blanca, nunca me la he encontrado por la calle porque hace años que no sale de casa. Pero al ver mi foto, lo dijo sin dudarlo: "La conozco".

Mi amigo Lou respondió: "No me extraña".

La madre de mi amigo Lou sabe que a veces su cabeza aletea como una paloma y se desprende de la realidad que en principio se sostiene sobre los hombros. Por eso, cuando le dan la razón fácilmente en temas que -lo comprende- son difíciles, insiste:

"De verdad que la conozco", repitió.

"Y ya te digo que no me extraña, porque es amiga mía", respondió mi amigo Lou.

Ahí se acabó la conversación.

Mi amigo Lou, que no ha resuelto el misterio, interpreta que debo de parecerme a alguien que fue importante en aquella familia. También a él le he resultado siempre familiar, desde el primer día; habíamos quedado para entrevistarnos en un hotel con aires victorianos, y me reconoció en seguida, aun sin haberme visto antes. La lluvía caía sobre una piscina azul, y allí, en el porche de un hotel, nos hicimos amigos.

Buscamos en el pasado respuestas que podrían estar en el futuro, si es que tienen que estar en alguna parte. Las esquelas también aparecen en papel de periódico. Y resulta tan inquietante que te reconozca una anciana de 89 años a la que nunca has visto, como que lo haga una mujer a 700 kilómetros por hora, por encima de las nubes que arrastra un viento de Tramuntana, sa mar nostra a nuestros pies. Y la nada.

7 comentarios:

Efímero dijo...

La nada sal del agua y se ahoga

Anónimo dijo...

acabo de ver "Un toque de distinción".
Me ha gustado mucho.
Una pena que desde Marbella no se vea Gibraltar...

Anna dijo...

¿ Puedes hacer el meme ?, plis

tequila dijo...

buenas:
a veces pasa que alguien te mira y dice conocerte, aunque creas que no es así... pero bueno te pudo ver en algún lado... lo raro es lo de la madre de Lou... quizá te estar cerca de su hijo, por vibraciones o por esporas, algo le llegó... no sé

Saludos Mel

vaderetrocordero dijo...

O envolviendo pescado en el mercado, o conteniendo castañas asadas a la puerta del Mercado del Val...

martin dijo...

Pero bueno. Dónde están esos lectores que no comentan??


A mí me ha encantado. Ya sales hasta en los periódicos y todo. La niña, que se nos ha hecho grande.

errante dijo...

la niña siempre ha sido grande, martín.