viernes, 21 de noviembre de 2008

Con su camisita y su canesú



Suponen que un enfermo la colocó allí, como si fuera una acompañante más. Sacaron al padre del amasijo de hierros en el que se había convertido el coche. La madre no formará parte de esa estadística de los fines de semana, porque es como si en los accidentes sólo muriera gente entre el viernes por la noche y el domingo antes del telediario de las nueve. Ella la palmó un miércoles.

El niño apareció unos metros más allá, con la cabeza destrozada. Y luego estaba ella. Los de primeros auxilios no lo entendieron enseguida. Vieron el cuerpo, inerte como los otros y, a la escasa luz de los faros en la autopista, les pareció que podría ser una hija adolescente.

Se acercaron, no sangraba. Tenía en el rostro una expresión de asombro, la boca abierta. La boca abierta como esperando un pene. Dientes falsos, los ojos opacos. Quién no los tendría.

Uno de ellos se compadeció de ella. Nunca vemos un objeto cuando observamos a una muñeca. Pero ya ésas que teníamos de pequeñas no representaban exactamente al bebé que nosotras inventaríamos en ellas. Como, si de algún modo, los fabricantes de Famosa decidieran que tenían que dejárnoslo claro: no confundir aquello con lo que podemos jugar con aquello que no es un juego.

Las muñecas de Famosa se dirigen al portal, pero nunca hubiéramos visto en ellas a un hijo, a un hermano; sólo eran juguetes que acabarían por aburrirnos. Por eso las abandonábamos en el fondo de un armario sin ningún remordimiento. O les cortábamos el pelo. O les arrancábamos los brazos. Las pintarrajeábamos.

Aina trabaja en la UCI. Aina estaba el miércoles comiéndose un bocata de jamón y queso en la cantina, cuando llegó su compañero Bernardo. A Bernardo lo llaman Bernard, Benny, Ben. Bernardo-Benny-Ben llevaba esa muñeca bajo el brazo.

"Estaba en el accidente, hemos llegado tarde", dijo. Y Ana le preguntó: "¿Le has hecho el boca a boca?".

La muñeca tiene rasgos orientales, como si imitara a una joven tailandesa tal vez menor de edad, pero no está del todo claro. Quien la diseñó jugó al engaño.

Quien la diseñó es un japonés loco que un buen día se puso a fabricar juguetes sexuales como si fueran obras de arte. Sus muñecas, de piel tersa y cabello de verdad, tetas que parece mentira que existan, pelo en el pubis si así lo solicitas y uñas pintadas del color que tú le pidas, esas muñecas cuestan entre 4.000 y nosécuántos euros. En parte, depende de los agujeros que tenga. La muñeca del accidente tiene tres: el del coño, el del ano, el de la boca.

Bernardo y Aina le cerraron la boca a la muñeca, igual que a los muertos se les suele cerrar los ojos, al menos en las películas. Así la muñeca pasó de poner cara de asombro a poner cara de muñeca.

"¿Le ponemos un nombre?", preguntó Bernardo-Benny-Ben. "Es una muñeca", respondió Aina.

La sentaron en una de las sillas de la cantina. Iba vestida con ropa de calle: una camiseta y unos tejanos gastados.

Cuando miras a una muñeca, no acabas de ver un objeto. Por otro lado, tampoco es fácil imaginarse a alguien metiendo su polla en cualquiera de los tres agujeros abiertos en la silicona.

Aina pensó en Bukowski. Bukowski escribe que se masturbaba metiéndola en un jarrón lleno de carne picada.

Bernard-Benny-Ben pensó en la novela Wilt.

La muñeca no pensó nada porque es una muñeca y las muñecas no piensan. Se les ve en la cara, que no piensan, y eso forma parte del juego.

Aina acaba de llamarme para contarme esta historia. "El miércoles tuvimos tres muertos y una muñeca erótica". Me ha preguntado si me parece lógico que un padre de familia llevara consigo esa muñeca en el coche. No he sabido qué contestar. "Con un niño pequeño, un hijo de cuatro años", insistía ella. Lo más inquietante de los juguetes es que nunca controlas qué divierte a los demás.

La teoría de Aina es que un enfermo ha dejado la muñeca en el lugar del accidente.

¿Para qué?, he preguntado.
"Para jugar", ha contestado ella, "para jugar con nosotros".
Esto parece un guión de CSI, pero en plan convicente. Tanto, que ahora los Mossos d'Esquadra están buscando al presunto tío que dejó a la muñeca allí, en el lugar del accidente.

¿Para qué?, he preguntado de nuevo.
"¿Cómo que para qué?", ha exclamado Aina, "pues porque es un puto enfermo".

Menos enfermo, sin embargo, que aquel padre de familia que trata a su muñeca de silicona como si fuera un miembro más de la familia. Eso sí les parece descabellado, a Aina, a los de la UCI y a los Mossos de Esquadra. Tan descabellado les parece, que se ponen a buscar a un tarado que se dedica a confundir a los demás en los accidentes, en vez de aceptar lo que a mí me parece evidente.

Muñeca: figura de mujer que sirve para jugar.

También con las palabras.

Pienso en los cuatro cuerpos: los tres que estuvieron vivos hasta el mismo miércoles, y aquel otro que nunca lo estuvo, ni lo fue. Que simplemente estaba ahí, igual que una metáfora.

Precisamente porque se diseñó así: para representar lo mismo, pero en silencio. El sonido, como la carne, es lo que convierte un juego en algo que deja de serlo.

12 comentarios:

martin dijo...

Has leido la máquina de follar?

Sharif dijo...

esto ha salido casi poético, encantadora metáfora, si acoso lo es.
salud.

martin dijo...

sabes que cada día escribes mejor?

al dijo...

Tan jodidamente bueno que no necesito excusas (por ejemplo, un cambio de título) para leérmelo dos veces.

6 dijo...

Joder.

Te leo hace unos días y estoy bastante boquiabierta (como la muñeca)

Necesitaba hacer un comentario así de rotundo

Qué bueno.

Pi dijo...

Pues yo me desmarco de piropearte hoy (como suelo hacer siempre) y paso a comentar la historia que cuentas. De verdad, ¿para qué buscar al "enfermo" o no que dejó la muñeca? Pa'qué preocuparse por eso, tal vez para devolvérsela por lo cara que le pudo salir? ¿no será que lo que quería era darle una muerte digna? porque ¿cómo matas a una muñeca que parece casi real? pues de una manera casi real. ¿enfermo?
Una historia muy guay, sí.

tequila dijo...

estos muñecos tan reales dan grima...
cualquiera de las dos opciones que se plantean me parece dantesca, tanto tanto que puedieran ser verdad

Saludos Mel (un placer leerte)

vaderetrocordero dijo...

Sobre qué hacía ahi la bicha esta ni me meto. Pero... ¿De verdad hay gente que se folla estas cosas? ¿Y luego qué, la metes en el armario? ¡Joder, que miedooooo!

...Habrá que probarlo. ¿Alguien me presta 4000€?

Doctor dijo...

Padre de familia, que bonito

Paul Varjak dijo...

Bukowski y padres de hijas de silicona. El mundo encerrado en un coche.

Hace mucho que te sigo y me encantas.

Un beso.

ZITTRIC dijo...

Me he reído con tu historia y aún más con los comentarios...
Tú, cada día mejor...

SALUDOS

Exilio Voluntario dijo...

Acabo de descubrirla. Y debo descubrirme ante usted..

Portentosa.

Gracias.

Vuelvo en nada...