domingo, 13 de mayo de 2007

Huelga apalabrada

Hace unos días, las palabras de mi vocabulario se pusieron en huelga. Por lo visto, están hartas de mí. Dicen que las exploto, que las utilizo absolutamente para todo: para trabajar, para cotillear, para insultar, para escribir en este blog, incluso para ordenar lo que pienso. Se pasan... no sé, unas veinte horas a mi servicio cada día. Y ya no pueden más, porque lo que les doy a cambio no les compensa.

Que las palabras se pongan en huelga es una putada. Sobre todo si te dedicas a lo que yo me dedico. Al principio no supe muy bien qué hacer. ¿Pagarles más? Pero si les doy un montón de protagonismo: salen en el periódico, están en Internet, me las llevo de bares conmigo y a veces incluso dejo que resbalen en mi lengua, o se digan las unas por las otras, o se traben, o se queden a medias. No me importa.

Luego, poco a poco, entendí que no había nada que hacer. Las palabras pueden ser muy duras. Y son tercas: hacen exactamente lo que dicen y saben exactamente lo que quieren decir. O sea, que si ponen a hacer huelga, no hay manera de que salgan.

Decidí empezar a utilizar esas palabras que no utilizo nunca. Hacía años que estaban esperando una oportunidad así, por fin serían declaradas palabras útiles, y estaban encantadas de brindarme un servicio. Dije: Esternocleidomastoideo, y noté cómo se me llenaba la boca. Dije: Detrito. Dije: Retruécano, imprecación, blenorragia, mucama, quimbundo, mucilaginoso. Dije: colecistitis, ribonucleótido, zapoteca.

Aquellas palabras, tanto tiempo abandonadas, estaban encantadas. Pero nadie me entendía. Y empecé a sentirme muy sola. Tanto tiempo oyendo hablar de ello, y resultaba que me había tocado a mí: tenía problemas de comunicación.

Cuando te pasa eso, no puedes ir al psicólogo, porque no pilla lo que quieres decir. Tampoco puedes ir a los catedráticos de la Real Academia, por todo lo contrario: quieren ficharte. Ya nadie habla como tú, y ésa es la mejor garantía de que tú preservarás la lengua.

Les dije a las palabras de mi vocabulario que, si volvían, cantaría con ellas. Ellas se cabrearon aún más, porque lo consideraban una ridiculacización pública. Les dije que no las utilizaría más que de nueve de la mañana a una de la noche. Eso empezó a gustarles un poco más, pero no estaban convencidas, porque se temían que hablara todavía más rápido de lo que hablo, para amortizar, y a las palabras les gusta tomarse su tiempo para sentir que son las apropiadas ante cada ocasión.

Al final hemos llegado a un acuerdo contractual. Tengo una cuota diaria. Puedo utilizar 41.531 palabras al día como máximo. Ni una más, ni una

7 comentarios:

Maki dijo...

Espero que las palabras cedan y te concedan un cupo mayor de palabras diarias a utilizar, porque es una pena
que se queden cosas por decir.

Me gusta tu blog
y tu forma de escribir :)

Saludos!

Galahan dijo...

Joder, ya te digo. Me llega a pasar eso a mi y no se qué hacer :S

En fin, el número de palabras no está tan mal. Seguro que es el habitual en la media de ciudadanos, así que para funcionar, tira. Eso sí, intenta decir menos palabras vulgares y aprovecha para nombrar las cosas de otra manera y optimizas recursos! :P

Yo abogo por las expresiones sorpresivas: "Cáspitas" "Repámpanos" "Carámbanos" "Sapristi!" y demás, que ya va siendo hora que las desempolvemos. Con lo que han sido en los tebeos de Bruguera, por dios!

Un besote, me encantan tus posts absolutamente. Ya lo sabías.

El maligno dijo...

Yo, como hablo y escribo en diesel acabo el día con un máximo de 243 palabras utilizadas... si quieres te dejo las que me sobran: "te quiero" "cariño" "tienes condones?"...

Para, creo que voy a vomitar dijo...

¿Y a qué te dedicas?

al dijo...

Pues a mí las palabras castellanas me montaron la huelga en viaje por Sudamérica. Intenté usar las catalanas, pero sólo entendían una: "esquirol".

El maligno dijo...

Hablando de todo esto, Melli, hay otra manera para que las palabras permanezcan: la grabadora. Tengo dos grabadoras para tí.

Mel Alcoholica dijo...

Maki: Gracias. Es verdad que es una pena que se queden palabras en el tintero. Allí pueden ensuciarse.

Carambolas, Galahan, por todos los rayos y centellas. A mí también me gusta tu blog, recórcholis.

Maligno: Sé que te han dejado; pero el amor no hace buena pareja contigo de momento. Es una chica demasiado exigente. Has probado con tu amiguita sexo? También es exigente, pero en plan inmediato.

Arcadas: soy transcriptora. Codifico lo que veo mediante aquellos símbolos que representan los sonidos con los que codificarías fonéticamente lo que has visto. Además, últimamente persigo políticos.

Al: lo más fuerte que aquellas palabras aprendieron a decir cosas nuevas. Claro que, de ahí a los malentendidos...

Maligno otra vez: ¿Dos grabadoras? ¿Tú sabes lo celosas que pueden ponerse las palabras con todo el rollo de los derechos de autor? ¿Te imaginas cuando las grabe a la vez? Todas dirán que son las auténticas!!!