martes, 8 de mayo de 2007

Cómo me llamo





Estaba reflexionando sobre las atribuciones evidentemente sexuales y sin embargo subliminales de los Pelochos del onceochooctentayocho, cuando, ya sea por telepatía, ya sea por casualidad, ya sea por sinergia (que no sé lo que es pero da igual) me llamaron por teléfono.

Entonces ocurrió lo más espeluznante que me ha pasado en la vida. Casi tan espeluznante como cuando en Lost Highway (también conocida como Carretera perdida) el hombre feo de la cara blanca le dice al primer protagonista cuando todavía no se ha convertido en segundo protagonista que lo llame a su casa (la del primer protagonista) porque él (el hombre feo de la cara blanca) está ahí. Sí, parece un lío, pero David Lynch tiene mucho caché, y los productores tragaron y le dejaron hacer la película.

La cuestión, que no le tengo nada que envidiar a los personajes de David Lynch, porque, como digo, suena el teléfono, me pongo, respondo: "¿Sí?", porque no soy de las de "¿diga?", ni de las de "sí dígame", sino de las de "sí" a secas, me pongo, insisto, y ¿quién hay al otro lado? Pues yo. Pero yo de verdad.

Al principio pensé que era cosa del eco, a veces pasa eso con los teléfonos, que hacen rebotar la voz y oyes lo que acabas de decir. Pero el eco tiene una particularidad: se limita a repetir lo que acabas de decir. O sea, que si yo dije "sí", mi eco tendría que haber dicho "sí". Pero no. En cambio, contestó: "Así que pensando en chochos haciendo ochentayochos...". Y yo pensé: "coño, esa voz me suena". Entonces deduje que era una de mis tías, o mi propia madre, porque a lo mejor es que he crecido tanto de repente que ya tengo incluso su propia voz. A veces pasa, que oyes a alguien por teléfono y crees que estás hablando con su hermana o con su madre, y como fue mi cumpleaños hace poco, pues mira, a lo mejor es que ya me he hecho mayor.

Insistí: "Hola, ¿quién eres?". Y la voz dijo: "Yo". Y como ya había tenido una discusión similar con el diablo hace unos meses, me dio palo volver con lo de siempre, que si yo sólo soy yo para mí misma, y tú eres tú cuando hablas con alguien más, y todo ese rollo. Corté por lo sano: "No. Yo soy yo; tú no tengo ni puta idea de quién eres".

La voz carraspeó, y continuó: "Vas a flipar con lo que te voy a decir ahora: yo soy tú, pero mañana". Buf, pensé yo, mi yo de mañana ha vuelto a beber. Y le dije: "pero a ver, ¿para qué coño me llamas? ¿Qué sentido tiene lo que estás haciendo?". Porque a lo mejor me advertía de algo importante, como en Terminator o en Regreso al futuro. Yo qué sé, a lo mejor soy la inventora de la puta máquina del tiempo y todavía no lo sé. Y si me iba a decir eso para hacerme rica, pues a lo mejor me caía bien y todo, la yo de mañana. Pero si simplemente me llamaba para preguntarme cómo estoy, pues qué queréis que os diga, yo estaba muy bien sin saber de su existencia.

"¿Qué pasa mañana? ¿Me ponen una multa por haber aparcado mal esta noche? ¿Se casa alguien que no tendría que casarse? ¿Puedo salvar a la humanidad de morir en una patera? ¿Me echan del trabajo?", le pregunté a mi yo de mañana. Pero mi yo de mañana demostró tener algo parecido a la ética: "Ah, no puedo contarte nada, porque entonces sabrás más que el resto de la gente, y podrías aprovecharte y eso no está nada bien". Manda cojones, la tía. Y pensar que al día siguiente yo iba a ser tan rematadamente gilipollas.

Así que la amenacé con colgarle el teléfono. "Haz lo que quieras", contestó ella, "pero ten en cuenta que cuando mañana quieras hablar contigo, tu yo de ayer querrá colgarte, y te quedarás sin conversación". Qué fuerte. Incluso mi yo de mañana se ofende cuando le doy una mala excusa para colgarle.

De modo que le pregunté que qué tal el tiempo, que si iba muy agobiada de curro, que si mi jefa se había incorporado después de la baja... nada que no salga en el telediario. Ella, claro, no preguntaba nada, porque ya lo sabía todo de mí. De repente me di cuenta de eso, y me tocó la moral, porque era como estar hablando con una cotilla de ésas que se han pasado el día entero espiándote. Es decir: como mi vecina del entresuelo, pero peor, porque mi vecina del entresuelo no me llama cuando estoy pensando en las particularidades evidentemente sexuales de los Pelochos.

En fin, que acabé por sentirme muy incómoda. Sobre todo cuando mi yo de mañana confesó tener dolor de cabeza porque había pasado muy mala noche por culpa del estrés. Le dije que muchas gracias por la llamada, que me había alegrado mucho de oír mi voz y que esperaba ser tan inteligente como ella algún día (está bien eso de enjabonar a tu yo de mañana, porque ella se siente bien consigo misma, y sabes que en breve tú también te vas a sentir así).

Bueno, hace un rato he llamado a mi yo de ayer. Le he dicho: "Así que pensando en chochos haciendo ochentayochos", porque es un juego de palabras con los Pelochos y el sesenta y nueve que sólo yo podía entender. La putada es que me he equivocado de número, y me ha contestado Aznar, que ha dicho algo así como que quite mis sucias manos de su capó, porque si quiere conducir beodo es su puto problema y de los demás seres detestables que se crucen con él en la carretera. Luego ha empezado a gritar como un loco: "Sarko sí, Sarko sí", pero como tiene esa voz tan nasal de Pinocho sonaba a: "Narco sí, narco sí".

Da igual. Que al final he conseguido contactar con mi yo de ayer, pero ha resultado ser una borde de cuidado que únicamente quería colgarme todo el rato. Menuda colgada.

7 comentarios:

Francisco M. Ortega Palomares dijo...

Tortuosa que no por ello menos interesante película de David Lynch. Una cinta tan surrealista como tu propio relato lleno de humor absurdo. Mientras en 'Carretera perdida' se sobrecoge uno sin entender muy bien del todo el filme, 'Cómo me llamo' se desparrama uno en su humorada.

al dijo...

Hay gente que bebe para olvidar y Aznar bebe para que no lo olvidemos. ¿O no bebe y sólo dice que bebe para hacerse el interesante? O mejor: dice que bebe para hacernos creer que lo suyo es por culpa del alcohol.

James Joyce dijo...

Pero a ver, en confesión, todo esto con cuántas copas? Más o menos de las que llevaba Aznar el otro día?

Un saludo, y un aplauso por este texto.

Zebedeo dijo...

Eso me hace plantear una cuestión filosófica muy importante ¿mi yo de mañana habrá bebido unas copitas? El de pasadomañana seguro, pero ¿el de mañana? no sé, no sé. Creo que por si acaso el que se va a tomar unas copitas ahora voy a ser yo, no sea que el de mañana se raje. ¡Salud!

Galahan dijo...

Jaajajaja, mítica llamada.

Me encanta el juego de los pelochos y el ochenta y ocho.

Eso sí. La llamada ¿A quien se la cobraron? ¿A ti o a ti-ti? ¿La cobraron dos veces o solamente una?
Porque Telefónica es mu cabrona si quiere...

Me encantan tus ralladas, Mel. Geniales :)

Mel Alcoholica dijo...

Galahan: No había pensado en eso! Claro que tengo Ono, que tanto puede leerse de un lado como del otro. Lo cual me hace pensar que lo mismo da quién llame a quién, ¿no? Así que... ¿por qué siempre tengo que pagar yo?

Francisco: Por el humor se sabe dónde está el juego.

Al: Sinceramente creo que Aznar es el vampiro de Hitler, y lo que bebe no es vino, sino sangre de los inocentes.

Joyce: Gracias por el aplauso, tan difícil de lograr a la vez que le das a las teclas. Respecto al número de copas... soy una borracha existencial. Y claro, llevo tantas copas como gano turcas de campeonato.

Zebedeo: No dejes para mañana lo que puedas beber hoy. Piensa que si mañana tienes resaca, ya no te apetecerá beber.

Gracias a todos, espero que no me acuseis nunca de apología del alcoholismo. A ver si me cae una pena gorda de abstiencia, o abstención, o de absenta.

Para, creo que voy a vomitar dijo...

jajajajaja, cómo disfruto con tus textos,en serio!!! Y todo esto es por el efecto de alcohol? Voy a empezar a pensar que tengo que beber más a menudo.

Qué me aconsejas?