domingo, 12 de abril de 2009

Beaufays


Provengo de una familia de burgueses belgas. Ignoro si los belgas existen, pero me consta que existen los burgueses. Mi madre estudió en París, vivía en los Champs-Élysées, ahí donde ahora está el hotel Maxim's, en la avenida Gabriel. Las hermanas de mi abuelo viven en una abadía, en un pueblo cerca de Lieja que se llama Beaufays. 

Tante Nenette es hipocondriaca, y sólo sale de la cama para reponer las flores de la capilla unos minutos antes de misa. Tante Nenette vive en el ala oeste de la casa, siempre lloriquea, y a mí me hace reír aunque pretende dar pena.

Tante Nicole vive en la parte central. Su marido era historiador, y de él heredó una cultura envidiable y una biblioteca infinita. Por las noches no puede dormir, le duelen las piernas. Camina. De día recoge tomates del huerto.

Tante Pierrette no ha leído un libro en su vida. Dejó de fumar, tendrá casi noventa años y, siempre que la visito, me enseña orgullosa cómo se toca con las manos la punta de los pies sin doblar las rodillas. Hace un par de meses, se casó una de sus hijas. Ella tuvo dolor de barriga durante la ceremonia. Un dolor muy fuerte. La llevaron a urgencias. Descubrieron que la noche anterior se había comido un pedazo de la ensaladera de cristal sin darse cuenta. Ella dijo: "Creí que era un trozo de pepino".

A veces voy a verlas. Duermo en casa de Tante Nicole. La casa huele a madera, a jamón ahumado y a café. Duermo en una cama alta, bajo un montón de mantas, hay casi cien habitaciones y las bañeras tienen patas. Mi cuarto está justo encima de la escalera que da al estanque.

Cada hora, suenan las campanas de la capilla. También suena el tictac pausado de los relojes de pared. Los cisnes murieron. Eran cisnes cabrones y negros.

Celebramos el centenario de la casa y del linaje cuando yo tenía trece años. Los burgueses son así: se reúnen de vez en cuando para comprobar que no hay errores en el árbol genealógico. Éramos más de setecientos. El árbol ocupaba toda la pared de un pasillo interminable.

En el árbol aparecía mi tía. También aparecía la hija de mi tía. Mi tío no. Mis tíos no están casados. A mi prima, en el árbol, le pusieron el apellido de su madre. Su padre, al ver eso, flipó. Todos los españoles flipamos. Y nos reímos un rato. Ils sont fous ces belges! Non, ils sont cons.

Mis hermanos y yo también aparecíamos, en una rama de color verde. Sólo teníamos el apellido mallorquín porque los belgas sólo utilizan el primer apellido.

Para conmemorar el centenario, se celebró una misa multitudinaria. Recuerdo que me escondí con mi prima Marie en las escaleras de Tante Pierrette. Tante Pierrette es la abuela de mi prima Marie. Nos escondimos en las escaleras, y oímos un ruido que venía de arriba. Nos asomamos temerosas por la barandilla, y vimos a mi primo Olivier, que también se asomaba temeroso, porque, como nosotras, se había escondido en la misma escalera para huir de aquella misa multitudinaria.

Estuvimos viendo la tele mientras los demás rezaban por nuestras almas. A otra prima mía la obligaron a tocar el arpa. 

Cuando voy a visitar a las hermanas de mi abuelo, me gusta el sonido de la gravilla bajo mis pies. Me gusta la cabaña que mi tío Vincent construyó sobre un árbol. No me gusta que para frenar con la bicicleta tengas que pedalear hacia atrás. Me gustan las conversaciones en la cocina con Tante Nicole. Me gusta ponerme las katiuskas. Me gusta que el retrato de mi tatarabuelo muerto sea la viva imagen de mi abuelo. No me gusta el vino caliente. 

Evidentemente, me gusta la cerveza.

Uno de mis primeros recuerdos es del jardín de aquella casa: unos desconocidos me saludan, me da vergüenza hablar con ellos, me escondo bajo la falda de mi madre.

Los belgas se casan enseguida. Los burgueses belgas averiguan tu apellido, lo buscan en un libro, y si está, también se casan.

De vez en cuando, nos llega un e-mail con los datos de todos los miembros de la familia. Esos datos incluyen dirección electrónica y postal, y estado civil de cada uno. También incluyen los datos de nuestros cónyuges y nuestros vástagos.

Los burgueses catalanes son distintos. Los burgueses catalanes se jactan de haberse educado por encima de la Diagonal. Las noches de fiesta se divierten contigo, tú también te diviertes. Prometen que te llamarán. Y estoy segura de que, en el momento en el que te lo dicen, tienen la intención de cumplir su promesa.

Pero luego sale el sol, ven la luz, y saben que tu apellido faltará en un libro no escrito. Aprendí muy pronto que no hay que esperar. 

También aprendí que no es lo mismo un burgués que un pijo. 

Un día recibí carta de un primo lejano, un primo belga al que no recuerdo haber visto. Decía que había comprobado que estaba soltera, que si quería casarme con él.

Me educaron para que comiera con la espalda recta, mantuviera ambas manos sobre la mesa y supiera utilizar cada uno de los cubiertos, masticara con la boca cerrada. Me educaron para que dijera por favor, perdón y gracias.

A veces, tras una noche divertida, lo olvido, pero me alegro de haber perdido todo lo demás.

6 comentarios:

Electro Duende dijo...

Lo 1º todo una frib/volidad. Lo des después mas entretenido

Jorge Barreiro dijo...

Debe ser por eso que sigo soltero ... por que no salgo en ningún libro; escribiré uno .... aunque, ... ¡para que casarme!

Anónimo dijo...

Me encantó... ¡¡¡pero qué pluma de cisne cabrón y negro tienes!!! Excelente.

Pi dijo...

Me gusta la cabaña en el árbol. Y no me acostumbro a que no hay que esperar.
Cúanto tiempo sin leerte, querida Mel, salud y un abrazo!

Provinciana dijo...

nos encantan tus tias!!

eSadElBlOg dijo...

ains los pijos y los burgueses de encima de la Diagonal...
y esas bicis sin frenos, para quemarlas todas, en Suecia todas las que alquilaban eran así, y encima había nieve y hielo en el suelo.

que familia tan maravillosa, que tias! Esa espalda, ¡recta!